sábado, 13 de junio de 2009

mi reino por unas gafas de sol

conozco al dedillo los síntomas que se derivan de la falta de sueño. cuando comienzo a tenerlos me siento como en mitad de un dejá vù perenne, que no se te escurre. uno de esos síntomas, quizás el más físico, es el picor de ojos. en este momento me pican tanto que estoy pensando en sacármelos, meterlos debajo de un chorro de agua bien fría y dejarlos en hielo durante unos minutos. luego echarles un par de cucharadas de aceite de oliva virgen extra, frotarlos con un paño bien limpio y volvérmelos a poner en sus cuencas. lo haría si pudiera levantarme del asiento, pero la azafata de ojos más claros que jamás haya visto no me lo permite. estamos pasando por una zona de turbulencias y el avión no deja de dar tumbos. antes, una de esas violentas sacudidas ha dado con el culo de una de las azafatas, morena de nariz larga larga, en el brazo de mi asiento. milagrosamanete he logrado apartar mi mano a tiempo para que no quedara aplastada entre las nalgas de la señorita.

-i'm so sorry sir.
-it's ok. it was an accident, don't worry.

otro de los síntomas que suelo tener con la falta de sueño es la instalación de una especie de dispositivo de seguridad anti-sueño. es como si mi cerebro, una vez llegado a un punto de falta de descanso decidiera que ya no necesita más reposo y se negara a desconectar: ¿querías caldo? pues toma dos tazas. ese mecanismo se manifiesta de muchas maneras, casi siempre en forma de pesadillas horribles. hace poco consistía en ser atropellado sistemáticamente por un cadillac blanco cada vez que cerraba los ojos. así de sencillo, cada vez que empezaba a sumergerme en el deseado sueño, mi cerebro me mandaba un cadillac blanco a toda velocidad que impactaba directamente en mi cara. nada podía hacer para evitar que mis sesos terminaran desparramados por el suelo. chof. podría decirles hasta la matrícula del cabrón asesino. el mecanismo de hoy es un poco más sofisticado, pero igualmente efectivo: cada vez que empiezo a dormirme noto como se me descuelga la cara. tal y como lo leen. el pellejo de mi cara se vuelve terriblemente viscoso y empieza a descolgarse como si fuera blandiblub. la nariz se me estira tanto que me llega al pecho, y el labio inferior me chorrea como si fuese una fuente de chocolate. es extremadamente desagradable, así que inmediatamente doy un respingo y miro a mi alrededor durante unos segundos para descubrir que estoy aquí, en mi sillón verde, rodeado de gente extraña y a unos pocos miles de metros de altitud, volando hacia la ciudad que nunca duerme.
a mi lado duerme un viejo. lleva todo el viaje bebiendo agua. se acerca el vaso a los labios, pero no lo suficiente como para tocarlos, por lo que tiene que estirarlos como si fuera un oso hormiguero que tratara de sujetar un cigarro en el bigote. se diría que no tiene dientes. tiene el pelo blanco y unas gafas que sobresalen dos metros por encima de sus cejas peludas y despeinadas. viste una camisa azul impecablemente arrugada y unos pantalones negros de rayas grises. se ha quitado los zapatos y he podido descubrir que lleva los calcetines del revés. me ha recordado a una película de sean connery en la que hacía de una especie de genio de la literatura. su personaje llevaba los calcetines del revés porque prefería que las costuras quedaran por fuera y de esa forma no le molestaran. no creo que el viejo lo haga por eso, aunque quién sabe. no es algo que me quite el sueño, desde luego. está arropado con una mantita de viaje de color azul marino en la que hay un nombre bordado, que bien podría ser el suyo o sencillamente la marca. mathews, eso pone.

si he tenido que presenciar tantas veces el desagradable espectáculo del viejo besando su vaso de agua ha sido simplemente porque se encuentra justo entre mi sitio y el sitio de una chica a la que me gusta mirar. me he pasado todo el viaje girando la cabeza para mirarla mientras rellenaba sudokus. hemos coincidido varias veces, pero nunca hemos sonreído ni hecho gesto alguno. tampoco hemos apartado las miradas. no es guapa, aunque la forma en la que muerde el boli y se concentra en su pasatiempo me resulta muy atractiva. lleva el pelo lacio, raya en medio. viste una sudadera adidas de color verde oliva tiene unos pequeños pendientes de plata con forma de ballenas (o quizás sean delfines). a su lado duerme un gorila con perilla cuyos brazos son tan anchos como mis piernas. a ratos utiliza uno de esos enormes brazos para rodearla por el cuello y apretujarla contra él mientras ella se queja.

tengo sueño. espero poder dormir esta noche. daría cualquier cosa por no haber olvidado mis gafas de sol. tiene gracia que el reloj del portátil me diga que es medianoche cuando volamos debajo de un cielo de color celeste cielo. sonrío. necesito esas gafas.

8 comentarios:

Juan Mancera dijo...

Mamón, tú quieres las gafas de sol para mirar a la chica sudoku sin que te pille.

Teresa dijo...

sin que te pille el gorila, por supuesto, je je

juan dijo...

tiu configura las ciudades por donde pasas para que el portatil pueda tener un horario bueno jejejejeeje

sino solo sabras el horario de malaga eso solo es util si vas a llamar a tu familia jejejeje

Javier Ortiz dijo...

En serio te lo digo una vez más.

Escribe un libro, tus descripciones son cojonudas, tienes talento para escribir. Quizas, es el cambio necesario en tu vida, publicar un libro, podrirte de dinero, y llevarte a tus colegas por ahí a gastos pagados.

Julia dijo...

¿Y si dejas de ver tantas películas?
El problema no es que se te deshaga la cara en sueños, el problema es que cuando te despiertas sigues teniendo la misma. :)
Besos.
Julia.

FranciX dijo...

Deja al gorila en paz que son especie protegida

Sergio dijo...

Como tu y alguno mas de por aqui saben, LAS GAFAS SON MUY PERO QUE MUY IMPORTANTES.

Torrance dijo...

Juan Mancera, me conoces demasiado bien jejejej

Teresa, descuida que aunque me pille pienso negarlo todo

juan, no seas freak!

javi, eso está hecho, pero mientras tanto, dejaré que me invitéis a una cervecilla.

Julia, te quiero.

FranciX, descuida, que este se protege solito...

Sergio, vivan las gafas de pasta!!

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