martes, 7 de julio de 2009

llegada a turbo

la panga que nos saca de capurganá es más grande que la que nos trajo. agradezco las viejas colchonetas que se usan como cojines como si fueran almohadas de plumas; mi maltrecho culo es quien lo agradece. nos sentamos en tres filas de dos, en el centro de la embarcación. cada fila está pensada para seis personas, así que quedo lejos del borde exterior, donde me hubiera gustado estar para poder meter la mano en el agua. valeria empieza a dormitar, como nos advirtió fausto que ocurriría después de comernos la sopa de pescado con leche de coco. se tumba en la colchoneta mientras le sujeto los pies. aprovecho para poner un poco de música, lo que añade aún mayor dosis de irrealidad a todo lo que me está ocurriendo. estoy cruzando la frontera de panama con colombia en una lancha a través del mar caribe.


el capitán la panga reduce la marcha y nos dice que tiene que hacer una parada para echar combustible. hace un rato que navegamos a pocos metros de la costa, donde la vegetación ocupa hasta el último centímetro de tierra. no hay playas, sólo hay selva. viramos a estribor y entramos en una pequeña cala. al fondo pueden verse varias cabañas de madera ocultas entre los árboles y una playa de arenas blancas. a medida que nos acercamos, podemos apreciar el sonido de unos timbales. un grupo de jóvenes hacen un corro en el que tocan tambores, cantan y bailan. es una especie de terraza que da a parar directamente a la playa. en las verdes aguas, varios niños juegan. atracamos y nos bajamos para estrirar las piernas mientras se llena el depósito. avanzamos a través de las tablas del embarcadero, que dan a parar a la arena y de ahí a un camino que sube una colina. está marcado con piedras en el suelo, y rodeado de palmera y árboles frutales. todo el suelo es cesped, que junto a la sombra proyectada por toda la vegetación, hace que se esté fresquito allí. entre la cabañas, que ya tenemos a tiro de piedar, una red de voleibol desgastada por el uso, unos columpios y unos bancos de madera. de fondo, el eco de los timbales. me acuerdo de mi amigo sergio pensando en las fotos que podría hacer en este lugar irreal, y sonrío al pensar en las fotos que me regalaron iria y él para que las llevara conmigo en esta locura de viaje. les echo de menos.


el lugar se llama triganá, y hace que valeria y yo nos miramos boquiabiertos.

-it's so cool! ¿cómo dices esto en español? -me pregunta.
.está to perita en verdá -le respondo.
-¿toperita? -dice a duras penas frunciendo el ceño.

río a carcajadas.

la visita es corta y tenemos que seguir. la lancha se pone en marcha y en cuestión de media hora avistamos turbo. se trata de una ciudad más grande, con un puerto mucho más movido. después de pasar un control de ejército colombiano, arrivamos al puerto comercial de turbo. nuevamente, valeria y yo no podemos evitar mirarnos con las caras de asombro.

-to perita -le digo.
-to perita -responde.

turbo no tiene nada que ver con lo que hemos visto hasta ahora, es todo lo contrario. el primer pensamiento que me viene a la cabeza al ver e puerto es que estoy en el puerto de génova de los dibujos animados de marco. el segundo, es que estoy en el puerto de el cairo de los años 40 y que soy indiana jones buscando alguna joya arqueológica. antes de salir de la panga ya podemos ver una fila de puestos ambulantes que flanquean la calle llena de gente. el murmullo llega aunque aún no hayamos atracado y el motor siga en marcha. al fin llegamos, bajamos y recogemos nuestros báratulos. salimos a la calle principal siguiendo a raúl, que nos pide que no nos separemos de él. estamos en medio de un hervidero de gente. una calle llena de tiendas y puestos a uno y otro lado, llena de gente que sube y baja, de tipos en bicicletas, motos, coches, camiones, autobuses, caballos y cualquier otro medio que cualquiera pudiera imaginar. a simple vista todo parece caótico, nadie respeta normas de tráfico, y así la gente anda por enmedio de la calzada, las motos andan por las aceras, y nadie cede el paso en los cruces, sencillamente hace sonar el claxon y esquiva cualquier obstáculo. a simple vista, digo, todo parece caótico pero la realidad es que funciona. el paseo es de solo cinco minutos, pero suficiente para que vuelva a zambullirme en esa burbuja de irrealidad que tanto visito en los últimos días. llegamos al terminal de la empresa de autobuses que nos llevará a medellín. durante todo el camino nos han venido acosando dos niños que se empeñan en buscarnos sitio donde dormir, taxi o cualquier servicio que necesitemoe (o no), y que les reporte una propina. raúl nos ayuda a regatear el precio del billete, puesto que no tenemos pesos suficientes y no aceptan dólares ni tarjetas de crédito. el trato se cierra con una propina al niño que ha interemediado e nuestro favor.


son las 6 de la tarde pero hemos elegido el autobús de las 10 de la noche. no queremos llegar a medellín antes de que amanezca. las 4 horas de espera las empleamos en comer algo, revisar el correo y charlar con josé, un empleado de la empresa de autobuses que nos ha permitido usar su oficina para descansar. mientras estoy escribiendo un correo, valeria me dice que va a salir a dar una vuelta y que regresará en quince minutos. es curioso pero me preocupa que lo haga. hace dos días no sabía ni que existía, y hoy me preocupo porque sale sola a dar una vuelta. es absurdo, entre otras cosas porque lleva sóla en nicaragua más de un año, pero es así. cuando vuelve siento alivio. se planta delante de mi.

-ten -dice mientras me da un lápiz.

ese mismo día he perdido mi lápiz, y apenas he podido tomar notas. ella sabe que lo he perdido porque le he pedido prestado su bolígrafo un par de veces.

-si has empezado las notas con lápiz, deberías seguir escribiéndolas con lápiz -me dice con una sonrisa.

agradezco el detalle. lo agradezco mucho. hace tiempo que nadie se porta así conmigo y es agradable.


hemos conseguido cruzar la frontera evitando el tapón de darién.

-¡give me five, rojita! -grito levantando mi mano al cielo.

en este momento no somos conscientes, pero estamos a punto de subirnos a "le bus de la mort".

6 comentarios:

Bachiller dijo...

Al menos tu coxis agradecerá haber dejado de viajar en patera.

Juan Mancera dijo...

Es normal que haya bullicio y la gente se mueva más, ¡coño! se llama turbo, más claro agua.

En la foto que sales a solas te pareces a Popeye con los mofletes hinchados.
Debes eneseñar a Valeria a decir "guannia"

Un abrazo

pedro dijo...

Pedro que sepas si eres futbolero, que Perea del Atleti es de Turbo...

Sergio dijo...

TO PERFECT HIO....
Una vez mas se confirma que to lo que nos dicen es mentira,
seguro que esos nenes que ves por esas playas NO se ponen cremitas de proteccion, ni gorras, ni na de na.....es to un pegote.

Por aqui tambien se te echa de menos un abrazo amigo.

Julia dijo...

Toperita.
Pobrecilla, cómo va a buscar eso en el diccionario.

Biyorl dijo...

A ver si tienes guevos de usar "no te digo trigo por no llamarte rodrigo"...

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