miércoles, 8 de julio de 2009

medellín

medellín me recuerda a málaga. el autobús nos deja en la terminal del norte, aunque el conductor nos dice que si queremos ir a ecuador deberemos tomar el autobús de la empresa bolivariano, que tiene sus instalaciones en la terminal del sur. son las 6 y pico de la mañana, pero la ciudad ya funciona a plena actividad. preguntamos en información y nos indican dónde debemos tomar el autobús urbano que nos lleva a la terminal del sur. por el camino pasamos por lugares muy parecidos a calles de málaga: la avenida de juan xxiii, la calle la unión, la carretera de cádiz...

la terminal del sur está integrada de un gran centro comercial, con cines, franquicias y muchos sitios doNde comer basura. sacamos los billetes para el siguiente viaje, que será a las 2 y media. tenemos toda la mañana para hacer algo. valeria propone que durmamos un par de horas por turnos. buscamos una ubicación discreta, aunque sabemos que va a ser complicado que nos dejen. es sábado por la mañana, poco a poco va llegando gente y hay mucho personal de seguridad. valeria, experimentada mochilera, me dice que nos sentemos en el suelo con las mochilas y nos dejemos ver. si no nos echan, poco a poco podemos ir acomodándonos hasta lograr dar una cabezada. lo ponemos en marcha, pero sólo nos permiten sentarnos. en el primer amago de echarnos a dormir es abortado con mucha educación. al final, con tal de que no estemos dando mala imagen, un guardia realmente amable nos consigue una mesa y unas sillas con un enchufe para la electricidad y wifi. nos mudamos, revisamos el correo y probamos el plato típico de colombia: la arepa. aprovecho para intentar enviar una postal a españa, pero en la oficina me dicen que tardará entre 25 y 40 días en llegar. estamos esperando a que abran los bancos para cambiar dinero e irnos al centro a dar un paseo.


al centro volvemos a ir en el autobús urbano, que nos deja en una calle llena de comercios y de actividad. esto ya no se parece en nada a málaga. las aceras están llenas de puestos callejeros. la gran mayoría vende fruta muy barata y gritan sus precios en dura competencia. compramos toda la que podemos. hace calor y la fruta nos refresca e hidrata: piña, sandía, guayabas, plátanos. tenemos hambre y poco dinero, así que apuro los plátanos hasta comerme el culo. me gustan estos puestos callejeros porque no están ahí pensando en los turistas sino en la propia gente de la ciudad. el tráfico, como va siendo habitual en las ciudades sudamericanas tiene un punto de caos. apenas hay coches particulares, y la mayoría son autobuses urbanos y taxis, y muchas motos. las tiendas anuncian sus ofertas por megafonías que se solapan unas a otras.


vamos buscando el parque berrio, que es el lugar que nos ha recomendado la chica de información. esperamos encontrarnos un bonito parque con cesped y fresca sombra de árboles donde poder dar una cabezada, pero nos llevamos una decepción cuando vemos que el parque berrio es una sencilla plaza con suelo de piedra y unos pocos y enjutos árboles rociados. nos sentamos a oir a un grupo de músicos que tocan canciones autóctonas. se nos acerca un hombre bajo, de camisa azul y cara maltratada por la vida. su pelo está impecablemente peinado, aunque sucio. huele bien y habla muy rápido, tanto que valeria no puede entenderle y no tarda en pasar de él. yo le escucho. me habla de todos los problemas que tiene colombia, que no son muy diferentes de los problemas que tienen el resto de países de centroaméricaa o del resto del mundo. me habla de la incultura, me cuenta que en su país no hay dinero pero florecen los lugares de apuestas, que a sus paisanos les gusta demasiado beber, y como prueba tengo que sólo en su barrio hay 24 asociaciones de alcohólicos anónimos. me habla de la herencia que dejó colón, de los horrores de la iglesia católica. me dice que está dispuesto a inmolarse si se lleva por delante a unos cuantos, y que no cree en el islam, aunque lo conoce. me dice esto y cien cosas más que no tengo tiempo a digerir. no me deja hablar porque creo que todo lo que dice lo tiene memorizado. lo dice con pasión, pero no me oye y se molesta cada vez que trato de intevenir. creo que sólo quiere impresionarme. al final me rindo y hago lo que quiere que haga: escuchar y asombrarme de lo que dice. cuando termina nos estrecha la mano y desaparece entre la gente mirando para los lados con desconfianza como el que piensa que le siguen. se llama jorge. me pregunto porqué me buscan siempre este tipo de gente, me gusta que así sea porque yo también les busco a ellos.


continuamos el paseo entre vendedores de avena, mujeres de caderas imposibles, conductores de autobús dementes, niños adictos al pegamento y mucha policía. hay una cosa que me llama mucho la atención y que decidimos investigar. se trata de gente, en su mayoría joven, que llevan un peto negro en el que puede leerse "MINUTO CELULAR A 200$". están por todos lados, de pie, inmóviles y mirando aquí y allá. no tratan de venderte nada. seguimos con la curiosidad hasta que vemos a alguien que se acerca a uno de ellos y descubrimos que se tratan de cabinas de teléfono humanas. la chica del peto le presta un teléfono móvil -debidamente asegurado con un cable que lo une a su dueño- al señor que se ha acercado. este marca y habla. durante la conversación telefónica, la chica del peto trata de darse la vuelta de forma discreta para que el hablante pueda mantener cierta sensación de intimidad. resulta divertido ver por la plaza a las parejas unidas por un cable y un contrato de 10 centavos de dolar el minuto.


nos gusta relacionarnos con la gente, así que hablamos con la gente del lugar, que enseguida nos identifica como turistas, sobre todo por el aspecto rubio y delicado de valeria. noto mucho interés en cuidarnos, y todo el mundo nos pregunta si estamos a gusto en su ciudad, y nadie puede creerse que sólo vayamos a estar unas horas, y que tenemos que irnos porque por delante hay aún mucho kilómetros que recorrer y poco tiempo. me siento realmente seguro en colombia, así que me puedo usar la cámara de video con comodidad. estamos cansados. el día anterior fue un día durísimo, no sólo por la duración del viaje, sino por el estrés y el sol. valeria es de tez blanca, y sufrió demasiado los rigores del sol caribeño, así que tiene la piel enrojecida y sufre una pequeña bajada de tensión que la deja casi sin fuerzas. me preocupo y volvemos inmediatamente a la estación. ya falta poco tiempo para que salga nuestro autobús, así que aprovechamos para comer algo, beber mucho y sobre todo resguardarnos del tremendo calor. en nuestra mesa se está fresco.


nos llaman a embarcar y vamos con presteza. tenemos ganas de llegar al bus para dormir el rato necesario para recuperarnos. en la puerta de embarque, mientras el autobús nos deja pasar, nos encontramos con dos mochileras alemanas, pero ni valeria ni yo tenemos ganas de hablar, así que las saludamos ladeando la cabeza y nada más. subimos al fin al bus. ni siquiera hemos arrancado cuando valeria ya se ha dormido. cuando nos ponemos en movimiento busco un asiento libre y me cambio de sitio, para que ella esté más cómoda. después de cinco minutos, descubro con horror que el autobús comienza a subir la carretera del infierno que nos trajo de turbo. sé que no voy a conseguir dormir, pero no estoy preparado para ello.

el viaje avanza y la noche es aún peor que la anterior. tengo un sitio al final del autobús, cerca de los servicios, y puedo comprobar cómo la gente no para de acudir a vomitar. el ambiente se vuelve casi irrespirable, añadiendo aún más leña al fuego del averno sobre ruedas en el que voy subido. consulto el atlas. el camino hasta la frontera se dibuja sobre el macizo central de colombia. mañana será otro día.

7 comentarios:

Bachiller dijo...

"doNde"... ¡una mayúscula infiltrada!

Creo que una de las posibles condenas que deben imponer a los reos es hacer un viaje en uno de los autocares "turbo".

Por cierto, ¡aprende de Valeria, que se duerme en cualquier lado!

Juan Mancera dijo...

"así que apuro los plátanos hasta comerme el culo",luego dices que no pongamos cosas que la gente lo lee. Mide tus palabras, que lo pones a huevo.

No voy a ser malo, por ahora.

Un abrazo

Javier Ortiz dijo...

Desde luego, que tú con los autobuses lo llevas claro...

Yo le cogí asco a los aviones a fuerza de usar 4 cada fin de semana... me parece que tú ya no vas a usar más autobus mientras lo puedas evitar...

pedro dijo...

ánimo pedro, desde luego hubiera firmado ver tu cara cuando el bus iba directamente a la carretera infernal....

Teresa dijo...

eso de que vas a llegar antes que la postal no es excusa para no mandarla..., es lo que pasa siempre que se manda una postal en un viaje ¿no? es parte de su encanto.
ya han llegado 3 (NY, Honduras y Ecuador)
besos

PD: estoy segura de que has conseguido cruzar...

Julia dijo...

Apostando si llegaste o no llegaste a tiempo.
Teresa tiene razón. ¿Qué más da lo que tarde la postal?
Eso, aprende a dormir.
Un beso.

bartolo dijo...

Se te pegan tos los zumbaos porque a lo mejor creen que eres del programa callejeros.

Yo creo que rapao estas mas guapo y ademas como ya te dicho en otras ocasiones cuando tu te pelas nos haces mas jovenes a los demas.

SI SI SI...NOS VAMOS A MADRID....SI SI SI...NOS VAMOS A MADRID....je je....

UN ABRAZO Y GRACIAS.

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