viernes, 17 de julio de 2009

un día en sidney

día 12 de julio del año 2009 de vuestro señor

cuando bajo a la cocina aún es demasiado temprano,a así que aún no se ha servido el desayuno. un chico con gorra y camiseta de manga corta tres tallas por debajo de la suya, barre con poco arte la cocina y alrededore. las sillas están recogidas sobre las mesas. supongo que las habrá puesto el chico de la gorra para facilitarse la taread del barrido. bajo una de las sillas, la de un extremo de la mesa, y me siento a escrirbir, pero antes de hago rápidamente un café solo con poca ázuca. me parece mentira estar tomando café durante el viaje, y café solo. espero que no me agarre con las uñas de la adción.

el desyuno comienza a las 7.30h y todavía faltan algunos minutos, sin contar con el retraso que lleva el chico de la gorra, que aún tiene que fregar, sacar la basura y espabilar. aún así, ya hay una pareja que se está preparando un desayuno a base de salchichas y huevos fritos. de la sarten sale un olor que despertaría a un muerto. ella es oriental, como tantísimas otras que circulan por sidey. él parece de aquí. dan las ocho -y ya está todo preparado. tengo pensado desayunar con agonía, así que agarro hondo y lo lleno hasta arriba de cereales, leche y miel. cojo cuatro tostadas y las unto de mermelada de ditintos sabores. para beber, leche fresca. acabo pronto por pura ansiedad, tengo muchas ganas de salir a caminar.


el día ha nacido nublado. chispea, pero la temperatura es buena. no es para ir en manga corta, pero se puede ir sin necesidad de coger el abrigo. este vez he dejado la mochila grande en la recepción del hostel, así que sólo voy con la pequeña, mucho más liviana, a la que he incorpora el impermeable. salgo en dirección contraria al paseo que hice el día anterior. he preguntado a ivonne cómo llegar al teatro de la ópera y al centro, y toda cerca. de camino al teatro me topo de lleno con la mancha verde del mapa: es el real jardín botánico de la ciudad, que me recibe con un cartel que dice algo así como:

Bienvenidos a los Reales Jardines Botánicos
Por favor, pise la yerba.
También le invitamos a que huela las rosas, abrace a los árboles, hable a los pájaros y haga picnic.



se trata de un sitio tan tranquilo que se oyen caer las hojas secas al cae. cuando llego está casi desierto. lo estaría si no fuera por una pareja que pasea con su hijo y un par de corredores haciendo un poco de ejercicio. el verles corriendo levante en mi una envidia intensa, y me apunto verbalmente que tengo que dedicar un poco de tiempo a correr y hacer ejercicio. el hecho de que no tenga aseguradea una ducha al final del día ha hecho que haya dejado de hacer cualquier actividad física. el paseo es agradable, y no me importa que se haya puesto a llover en serio. el impermeable me protege perfectamente, y siempre me ha gustado la lluvia. por el camino siempre he ido acompañado de aves largo cuello y pico, gaviotas con calcetines naranja (el color de la mentira) y loros descoloridoss de crestas amarillas. se nota que están acostrumbrados al trato con humaanos, porque no se cortan un pelo.

el teatro no es el más bonito del mundo, pero se trata de una postal obligada cuando se está en sidney. justo en eso pensaba cuando recuerdo mi promesa de enviar una postal a málaga siempre que pueda. la compro, la escribo, la sello y la envío. cuando voy a dejarla en el buzón, descubro que la tipa que me ha vendido el sello me ha engañado. em ha cobrado 1,50 y me ha dado un sell0 de 1,35. espero que no haya problemas por eso. los australianos tienen muco parecido a lo suizos en cuanto a la formalidad. en cualquier caso, me jode que me la hayan metido, aunque hayan sido 15 céntimos de dolar australiano.


ya he dejado atrás el teatro de la ópera y el puente, y estoy en pleno centro. mientras paseo por mercadillos y tiendas de recuerdos, decido que es un buen momento para dedicar un último esfuerzo a conseguir el japan rail pass. mientras esperaba el desayuno he hecho una lista de todas las agencias de sidney que tienen autorización para venderlo. en total tengo unos veinte nombres con sus números de teléfono. mi idea es ir a una agencia de información turística y pedirle a alguien que haga las llamadas por mi, así que eso hago. el problema es que la oficina que he elegido es muy céntrica y por tanto tiene mucho movimiento. la chica del mostrador me entiende y trata de ayudarme, pero no puede dedicarme tanto tiempo. al segundo intento, desiste. la comprendo y le digo que no se preocupe. al menos he descartado las dos primeras agencias. el plan b consiste en llamar yo mismo, así que cambio cinco dólares en monedas de 50 centavos (el mínimo que acepta un teléfono público) y me dispongo a llamar. las tres primeras llamadas son agua, pero con la tercera doy en el clavo: he encontrado una agencia abierta el domingo. anoto la dirección que me dicta el señor del otro lado del teléfono y con ella me voy de vuelta a la oficina de información para que me explique dónde está (en el peor de los casos, si fuese complicado tengo pensado tomar un taxi). no es necesario ni llegar a la oficina, porque antes de dar dos pasos me doy cuenta de que el teléfono público desde el que he llamado están en la misma calle que la agencia, aunque unos cuatrocientos número más adelante. vuelvo a tener suerte.

la calle en cuestion es george street, una de las arterias principales del centro. una ancha avenida repleta de locales y galerías comerciales a uno y otro lado. es mediodía, y el tipo de la agencia me ha dicho cierran a las cuatro de la tarde, así que tengo todo el tiempo del mundo para ir paseando calle arriba, admirando los preciosos y enormes edificios que hacen de la calle un lugar sombrío y frio (tanto que necesito ponerme el gorro de lana, aunque compruebo que lo he perdido. otra víctima de mi despiste, que empieza a ser preocupante) a pesar de que ha salido el sol y el cielo es azul intenso. camino despacio, oyendo música (en centroamérica eché de menos estos paseos que no podía permitirme por necesitar estar alerta con los cinco sentidos) y tomando fotos. he comprado pilas suficientes para cubrir la menos un par de semanas, así que voy totalmente relajado. hacía días que no me encontraba tan bien.


la agencia de viajes se encuentra en una de las muchas galerías comerciales. en concreto, en las galerías victoria, situadas frente al lujojísimo edificio victoria. casi sin darme cuenta he entrado en una zona en la que la mayoría de la gente tiene aspecto oriental, aunque no se trata de un barrio chino al uso, más bien se trata de una ambientación japonesa. la galería tiene un par de restaurantes japoneses, y alguna tienda de recuerdos y artesanía de la isla. la agencia está especializada en el mundo japonés, y está forrada de posters y banderas. me atiende yoshiro, cuya descripción valdría para el 90% de los habitantes de la asia oriental. recuerda mi llamada de teléfono, así que no hace falta que le explique nada; enseguida se pone a rellenar los formularios y en unos instantes tengo invitación en mi bolsillo. esa invitación deberé hacerla efectiva, para obtener el pase definitivo, en alguna de las muchas oficinas de la empresa de trenes japonesa que hay repartidas por todo el país. sin ir más lejos, me explica dónde se encuentra la oficina en el propio aeropuerto narita, destino del vuelo que debo tomar. aún después de haber terminado con el papeleo, seguimos charlando un rato, en el que me riñe cuando le digo que sólo estaré dos o tres días. acabamos hablando de españa, y soy quien le riñe por no atreverse a tomar el avión y darse una vuelta por la piel de toro.


sigo dándole vueltas a la pérdida del gorro de lana. más que el frío, para mi es importante porque me permite llevar los auriculares disimulados durante el despegue y aterrizaje del avión. la ansiedad me puede si no escucho música, y aún me quedan dos vuelos que tomar.

cuando salgo de las galerías victoria son más de las dos de la tarde, y el desayuno, por más copioso que haya sido, no da para más. necesito comer algo. tengo unos 45 dólares, de los cuales aparto 15 para el shuttle que me llevará desde el hostel al aeropuerto. con 30 dólares australianos tengo dos opciones: comer en un restaurante o ir a un supermercado y comprar comida para el almuerzo y la cena. con suerte, algo de fruta para el viaje de avión. me decido por la segunda opción cuando paso por la puerta de un enorme supermercado. es una especie de "día" a la japonesa (estoy rodeado de tanto japonés, que me he acostumbrado y casi olvido que estoy en australia). tiene productos a precios baratos, así que puedo permitirme comprar algunas cosas básicas. recuerdo el consejo de valeria acerca de los fideos chinos:

-te sacan de cualquier apuro. sólo tienes que añadir agua caliente, y en dos minutos tienes un estupendo plato de pasta.

compro 3 de estos paquetes y algunas cosas más. en total he comprado demasiado y no me llega la pasta, así que tengo que descartar algo en la caja. se quedan los mueslies. el olor a pollo asado me ha despertado el apetito, así que me siento en un banco en la puerta del supermecado y me dispongo a comer. un vagabundo que pide a todo el que entra o sale del supermercado me dice algo ininteligible, que traduzco por mi cuenta. le doy una de las monedas que me ha devuelto la chica de la caja. el vagabundo, tal y como recibe la moneda, la añade al pequeño montoncito que lleva en la otra mano y las cuenta. decide que tiene suficientes y entra en el supermercado. en un minuto ha salido con una lata de cerveza en la mano.

-¿quieres comer algo? -le pregunto cuando retoma su tarea pedigüeña.
-sí -responde con desconfianza.
-tengo pollo, una ensalada de pasta, una lata de estofado de ternera y algo de fruta. ven, siéntate aquí conmigo.
-yo tengo una cerveza -me dice con un gesto sin necesidad de abrir la boca.

la comida no dura más que unos minutos, pero creo que hemos quedado satisfechos por ahora. mientras dábamos cuenta de mi compra, han caído en la gorrilla suficientes monedas como para comprar otra lata de cerveza.

-¿por qué no esperas un poco más y compras una botella más grande? -le pregunto tratando de optimizar sus recursos, vaya usted a saber por qué.
-si tengo suficiente para una lata, compro una lata, siempre lo he hecho así.

la historia de john doe es una de tantas. un accidente laboral le hace perder dos dedos. la falta de seguro hace que no tenga derecho a nada y que vaya directamente a la calle. de ahí a pedir en la puerta de un supermercado sólo van unos cuantos meses, y cuando estás ahí, nadie va a sacarte. aunque cada una de estas historias que escucho de boca de los propios protagonistas es única, todas tienen en común una cosa: no nacieron siendo vagabundos y ni siquiera se lo buscaron. sencillamente son víctimas de un golpe de la vida, un jack directo al mentón que les deja aturdidos durante unos instantes, breves pero suficientes para que la vida tenga tiempo de armar el brazo y liquidarles con un gancho de izquierdas. directo a la lona, cuenta de diez y ko. el ko técnico impregna a estos hombres de esa mirada.



me despido de john, dándole un sorbo a su cerveza y dejándole un par de latas de estofado que, bien pensado, iban a resultar demasiado pesadas para la caminata que aún me queda por dar. nos estrechamos la mano y nos deseamos suerte.

en la acera de enfrente hay una concentración. mientras comíamos, me he fijado en que iba acercándose gente con pancartas y banderas australianas y turcas (aunque estas últimas de color celeste). cruzo la calle y me acerco a interesarme. la concentración es en absoluto silencio. hombres, mujeres y niños de manifiestan cono absoluto respeto. mantienen sus mensajes en alto, con cierto orgullo y miradas nobles. algunos de ellos se dedican a repartir folletos, dando la gracias a cada persona que decide cogerlos.

-¿qué hacéis aquí? ¿qué pedís? -le pregunto a un chaval que preparte papeles.
-pedimos ayuda. somos un pueblo sometido por la fuerza por china, y queremos que alguien nos oiga -me responde.

le invito a que me siga contando, y su relato me pone los pelos de punta. se trata el pueblo de los uighur, del turkistan, al oeste de china. el pasado 9 de julio, mientras se manifestaban pacíficamente, fueron brutalmente atacados por la policía y el ejército chino, con el resultado de cientos de muertes y miles de heridos y detenidos. recuerdo que cuando estuve en méxico, zaly nos contó la matanza de la plaza de las tres culturas, donde la policía mexicana mató a decenas de estudiantes que protestaban por la política económica del gobierno. era el año 1968, meses antes de la celebración de los juegos olímpicos en la ciudad, así que el gobierno no se podía permitir un escándalo. se citaron a los estudiantes en la plaza y allí fueron masacrados, uno a uno, sin que hubiera ni un solo testigo. se cubrió todo con un manto de silencio. recuerdo que entonces me pareció increíble que en el siglo xx pudieran hacerse estas cosas. cuando termino de escuchar al muchacho uighur, tengo que pedirle que me repita la fecha de la manifestación salvajemente reprimida. 9 de julio de 2009, hace sólo un par de días, el día de la independencia argentina, el día que no viví.

-nuestro caso es parecido al del tibet, pero ellos cuentan con la ventaja de que tienen al dalai lama y eso les posibilita ser escuchados por la comunidad internacional.
-hoy día, si no sales en las noticias no existes. no importa la cantidad de muertos que pueda haber. ¿cuántos asesinatos habrá al día sin que sepamos nada? dios mío, todo es una locura.
-nosotros estamos empezando a salir en las noticias. el otro día salimos en la BBC, creo que empiezan a escucharnos.
-espero que tengáis suerte y se haga justicia, aunque no será fácil.
-gracias, no podremos hacerlo sin ayuda, por eso te pedimos tu ayuda.
-¿y qué puedo hacer yo? -le pregunto escéptico.
-ayudarnos a que se conozca nuestro caso. tú mismo lo has dicho, mientras no se conozcan, no existimos.

www.eastturkistan.org.au

me da uno de los folletos de los que reparte y le prometo que haré lo que pueda, aunque ya sé que será muy poco. en realidad sé que no pasarán muchos días antes de que me olvide del nombre de los uighur. mi corazón occidental está demasiado bien protegido como para dejarse influir por casos como este. nada, por brutal e injusto que sea, puede llegar a conmoverme de verdad, a hacer que cambie mi forma de actuar, a agarrarme por la pechera, agitarme y sacarme de la vida que me ha tocado y que ni sueño con poder cambiar, sencillamente por el hecho de no estar dispuesto a pagar el precio que tendría que pagar. nada hará que deje de mirar para otro lado. ni los cientos de asesinados de forma injusta, ni las caras de los hijos de esos muertos, con sus pancartas, sus ojos apagados y sus gestos clementes. es realmente jodido llegar a esta horrible conclusión, pero a veces me gusta pensar que al menos, esta consciencia de ser un animal inconmovible, movido sólo por la necesidad de satisfacer mis propios caprichos sin pensar en nadie más, es una especie de pequeño castigo, un azote con una regla en la palma de las manos, un "niño malo, eso no se hace". y entonces me alegro de ser consciente de mi propia inhumanidad.


me largo de allí con la sensación de ser cómplice de una matanza que ni siquiera conocía. no me gusta sentirme así, pero sé que se pasará. sólo necesito caminar y escuchar música, escuchar algo que me recuerde mi puta vida y que me devuelva a ese estado de tristeza que a veces echo de menos, que me haga pensar en mi, en mi pequeño universo desgraciado. creep servirá. creep y caminar con las manos en los bolsillos durante una hora. tengo hasta dos amagos de accidente a cruzar calles. malditos australianos circulando por la izquierda. incluso las gentes por las aceras, cuando tienen que cruzarse, tienden a irse la izquierda. pienso que no debo de ser el único que anda despistado, porque empiezo a fijarme que en el suelo, en los sitios donde se cruza la calle, hay carteles que te indican dónde tienes que mirar. no me había fijado hasta ahora, he necesitado un par de sustos para darme cuenta. tiene gracia que sea una cosa así la que me suba el ánimo. eso, y que estoy extrañamente predispuesto a no dejarme llevar por el camino de la autocompasión. prometí a una amiga que dejaría de hacerlo y las promesas deben cumplirse.


el callejeo me ha sacado de la calle principal y me ha llevado a una zona aún más oscura, donde los negocios tienen rejas y los tipos tienen la voz áspera y ronca. creo que estoy detrás de la fachada. es una zona con muchos negocios y carteles en caracteres orientales. esto sí se parece a un barrio chino. casi no se ven rostros caucásicos, aunque, curiosamente, no me siento extranjero. voy mirando los escaparates de sex shops y locales de streptease de neones poco sutiles. entro en algunas tiendas underground de compra-venta de música, comics y libros. me gusta la zona. estoy seguro de que no seremos muchos los turistas que circulamos por ese barrio, y es eso lo que más me gusta, ver lo que una ciudad ofrece a sus ciudadanos, y no a sus visitantes. prefiero los locales de putas a las tiendas que venden boomerangs y carteras de piel de canguro. prefier ver un vagabundo borracho tirado en la acera a un payaso vendiendo globos con forma de bicicleta, prefiero la mirada uraña del dependiente de una tienda de comestibles a la sonrisa exagerada de la azafata que me ofrece la cena en el avión.


el paseo por la zona no dura mucho, y pronto vuelvo a estar en la senda de las calles céntricas y transitadas. entro en una tienda de comics. no es que sea una de mis pasiones, pero con la ayuda de toyi y mateos, me estoy aficionando. o al menos me pica la curiosidad y me gusta hojear alguno de vez en cuando. casi todos los sitios a los que voy me recuerdan a alguna persona, y los comics no pueden recordar a otro que a francis. sólo pensar en él hace que me ponga de buen humor y que vaya soltando toda la mierda que tengo en la cabeza. creo que debería hacerle caso a mi amigo sergio y dejar de complicar la vida cuando podemos hacer que todo sea mucho más fácil.



la tarde se va, y tengo que volver al hostel. no quiero que se acabe este paseo que empezó muy temprano, con el estómago lleno por un exagerado desayuno. los últimos minutos los dedico a hacer el payaso en la apple store, con su buenrrollismo y su elitismo jactancioso. volviendo a casa, de forma casi accidental me topo con hyde park, la catedral de santa maría, el museo de la ciudad y tantas otras cosas que me dicen que un paseo por sidney no es nada. me ha gustado esta ciudad. tiene ese punto cosmopolita de gran ciudad y se adivina que detrás de la cortina hay mucho que ver. quizá vuelva en otra ocasión.


llego al hotel justo a tiempo de perder el shuttle, pero no me precupa, porque ahí tienen que pasar 3 más, uno cada media hora. tengo tiempo de sobra para darle a ivonne la caja de bombones rellenos de nueces de macadamia que le he comprado como muestra de agradecimiento. tenemos tiempo de comérnoslos, de charlar un rato acerca de la ciudad, de obligarme a prometerle que voy a volver. tengo tiempo de subir a la pocilga a recoger la toalla que había olvidado y de la que me he acordado al lavarme la cara en el baño. debajo de la toalla, mezclado entre todo tipo de ropa que no puedo distinguir por estar a oscuras (no quiero despertar a un tipo que ronca en la cama de al lado), mi gorro de lana. después de todo, parece que podré despegar de sidney oyendo música. en ese momento decido que será "fade to black" de dire straits.


desembarco en el aeropuerto y me acomodo alrededor de un enchufe. ni me molesto en buscar wifi, aquí todas son de pago. tiene gracia que una estación de autobuses de san salvador ofrezca wifi gratis y el aeropuerto internacional de una gran ciudad te pida la contraseña. no me apetece nada escribir, pero trato de obligarme para que me ayude a pasar las 10 horas de espera que tengo por delante, pero no sirve de nada, claro. tampoco tengo ganas de hablar con nadie, así que me pongo los auriculares y dejo que salte el salvapantallas. me despierta un tipo calvo con pinta de boxeador diciendo que la zona de partidas se cierra a las 11, y que tengo que largarme de allí a la voz de ya. la única opción que me ofrece, para no dejarme en la calle helada, es llevarme al culo del aeropuerto, a una zona de refugiados donde unos cuantos tratan de pasar la noche, forzando sus cuerpos para adaptarse a los incómodos sillones para mendigar una cabezada. nos han cerrado las salidas con rejas automáticas, nos han bajado las luces y nos han mandado callar. todos juntos formamos un pequeño ejército de sintechos a tiempo parcial.


horas más tarde, el sonido de las rejas al abrirse me sobresalta. ni he intentado dormir. cualquier intento hubiese resultado inútil. los asientos son demasiado incómodos, y yo estoy relativamente descansado. quizá después de tres días sin dormir hubiese conseguido arañar algunas horas de sueño, pero, diablos, anoche dormí en una mullida cama. recojo mis cosas y me voy directo a la zona de facturación. quiero quitarme la mochila de encima lo antes posible y luego quizás buscar un punto de acceso a internet. mi vuelo no figura en el panel. reviso una y otra vez, pero no aparece. el aeropuerto es increiblemente amplio, pero no hay ni rastro de alguien a quien poder preguntar. son las 4 de la mañana. reviso el papel impreso con los datos de mi vuelo, y me pregunto si estará actualizado. desde que reservé el vuelo hace meses me han cambiado el itinerario al menos dos veces, y ahora dudo si el papel impreso será el definitivo o no. lo reviso con detalle y descubro el problema. si bien el destino final del vuelo es tokio, se hace escala en cairns, una ciudad australiana. consecuencia, el primero vuelo ha de tomarse desde la terminal doméstica y no desde la terminal internacional. llevo horas esperando en la terminal equivocada.

me pongo muy nervioso, porque no tengo idea de como ir a la terminal doméstica. corro por las desiertas salas buscando alguien que pueda echarme una mano, no importa cómo. al fin encuentro un mostrador donde están facturando. la cola es infinita, pero no puedo permitirme esperar. asalto a la chica que atiende.

-perdona la interrupción, sólo quiero hacerta una pregunta. ¿cómo puedo llegar a la terminal doméstica?
-tienes que aquí y allá y encontrarás una parada de autobús que te lleva directamente.
-gracias

sigo sus indicaciones y encuentro la parada, aunque me topo con dos problemas. el primero es que cuesta 5 dólares, y yo no tengo ni un céntimo. el segundo problema es que el primer autobús de la mañana pasa a las 6:30h, y mi vuelo sale a las 7:00h. empiezo a desesperarme. la calle está tan desierta como el aeropuerto. ni siquiera hay taxis. suelto las mochilas, con las que he cargado todo el tiempo sin darme cuenta de su peso y me siento en el suelo. estoy helado, porque ni siquiera he tenido tiempo de abrigarme. necesito pensar. o eso creo, porque lo que en realidad necesitto es el taxi que acaba de aparecer como por milagro. ha dejado a un pasajero y se larga, pero no voy a permitirlo. me planto en mitad de la carretera con los brazos abiertos (luego pensé que quizá me excediera con el teatro, y que un simple gesto con la mano hubiese valido, pero en ese momento tenía claro que ese taxi solo se iría por encima de mi cadavez atropellado). trato de contarle mi problema, pero estoy tan nervioso que mi inglés es ininteligible. al final lo logro, y cuando me está diciendo que suba le confieso que no tengo dinero.

-sólo tengo dólares americanos. ¿los aceptaría?

el taxista se lo piensa.

-no sé cuánto es la tarifa en dólares americanos -me dice.
-dígamelo en dólares australianos y yo le hago la conversión, si se fía de mi. no le engañaré.

el taxista se lo sigue pensando.

-sube amigo, no hay problema.

no ha terminado la frase y ya estoy dentro, con las mochilas en el maletero. en cinco minutos estamos en la terminal doméstica.

-dígame cuánto es -le pido temiendo que quiera aprovecharse de la situación y clavarme.
-nada, no te preocupes. me pillaba de paso.
-no no, no puedo aceptarlo -le digo avergonzado de lo que acabo de pensar.
-en serio amigo, no te preocupes.
-bueno, acepte al menos cinco dólares como recuerdo -le pido sonriendo.
-está bien -acepta entre risas.
-es usted una buena persona. me gustaría no tener mejor nivel de inglés para decirle todo lo que me gustaría.
-no es necesario, no ha sido nada.
-¿cómo te llamas?
-elvis
-yo soy pedro.
-¿eres español?
-sí
-yo soy portugués
-vaya, un vecino. ¿qué haces en la otra punta del mundo?
-mi mujer y mis hijos son australianos.
-te deseo lo mejor, elvis. obrigado.
-suerte con el vuelo, y relájate, ya has llegado.

mientras facturo, la chica del mostrador, borde de nivel A, me advierte de algo que me ocurrirá en carns. habla tan rápido que apenas la entiendo. toma aire cuando le digo que me repita; me perdona la vida pero repite. creo entender que me dice que cuando lleguemos a carns, deberé recoger la maleta y pasar por inmigración. tengo dos horas. creo que ha dicho algo más, pero no me atrevo a volver a preguntarle. tengo dos horas para hacer todo el papeleo de inmigración y cambiarme de la terminal doméstica, en la que aterrizamos, a la internacional, de donde partimos. una oportunidad perfecta para poner a prueba una vez más a mi buena estrella.

9 comentarios:

Javier Ortiz dijo...

Joder pedro... ¿Para cuando cogeras un vuelo tranquilamente? Leer que llegas al aeropuerto, ya es sinonimo de angustia...

Jolín con los suspenses....

Juan Mancera dijo...

Estoy empezando a sospechar que te inventas esos momentos de suspense para hacer más interesantes tus relatos.

Si es cierto que te ocurre eso y sales airoso, amigo, te aconsejo que compres algo de lotería o parecido, porque seguro que te toca.

Sergio dijo...

Con lo de la huelga de los chinos, sin querer te metistes dentro del telediario, y ya sabes lo que pasa por ver las noticias, NO TE SALGAS DEL CAMINO y pasa de las noticias, ya sabes que nos va muy bien asi.

Y TE PIDO POR FAVOR QUE DEJES DE HACERTE EL VALIENTE SOLIDARIO Y NO BEBAS EN LATAS DE GENTE QUE NO CONOCES, LA COSA ESTA MU MAL PA ESO HIO.
Ya veo que lo de la papiroflexia te lo estas pasando por alli...je je...tanto eso esta bien.
Espero que no se te PIERDA EL CUCAL, ya que queda poco pa usarlo.

pd: como dices que en Australia hay muchas japonesas, porque no pruebas el cucal TAMBIEN por esas tierras, pero ten cuidado en apuntar bien a los ojos no te vayas a cargar alguna planta y te pongan una multa.

Sergio dijo...

NO TE COMPLIQUES.......

Valenxxx dijo...

...Uff uff uff...vamos a ver..no he podido leerte durante unos dias, estabas en Argentina y "ahora" estas en Sidney..me he tirado de las 8:30 leyendo ("interrumpida" por el trabajo) y he acabado ahora...viajando contigo por los continentes...perdona este post un poco largo, pero es la suma de todo lo que he leido.
Primero, de verdad ..DIME CUAL ES TU BUENA ESTRELLA...yo tambien la quiero, porque has tenido mucha suerte, y todavia mucha más te deseo...Otra cosa: sigue los consejos de Sergio, deja de beber y comer de donde sea,que todavia te queda mucho viaje...y gracias porque en tus relatos me has hecho conocer a personas como John, como el taxista, como los de la tienda del pendiente, como Javier, que dejas dos tias en la cama para ayudarte, como Valeria, como la vieja que te ayuda en el aeropuerto..y todos los otros de los cuales no puedo escribir, la lista seria demasiado larga..Todas personas que nunca habria llegado a conocer, que me hacen pensar que a la mejor el hombre no es tan malo como pensaba, que todavia existen estas personas...Gracias Pedro, ya te has convertido en nuestro héroe, en nuestro escritor favorito..sigue asi, que va todo bien...Un abbraccio grande...Valentina

mamáMeAburro dijo...

cachondo!!?? CACHONDO!!?? me has puesto de un bruto ke lo flipas!! habeis visto a WonderWoman?? Francix, y el 100 balas? le decimos ke nos lo traiga?? :D :D :D

muchas gracias por la dedicatoria, impresionante tienda... yo creo no hubiera vuelto de alli, jeje
sigue así, mostroooo!! eres el puto amo!! ;)

FranciX dijo...

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:-P

Javier Ortiz dijo...

Francix.... ¿Eres el Francis que tanto tiempo pasó en el CEMI??? y no sé si aún sigues por allí...

Julia dijo...

Entre lo que pierdes y lo que te roban... así por lo menos las mochilas pesarán menos.
Ya sé que no tienes miedo pero deja de beber en latas ajenas.

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