lunes, 20 de julio de 2009

un día en tokio

15 de julio del año 2009 de vuestro señor

después de irme a la cama tan tarde, mi cuero se niega a despertarse antes de las 7, a esa hora la luz ya entra por todas las ventanas y la habitación está tan iluminada que no puedo recoger mis cosas con facilidad. tengo que darme una ducha porque el calor y la humedad, ya estas horas, son insoportables. bajo con un poco de cargo de conciencia por ser tan tarde y desaprovechar un par de horas de luz, pero no tardo en convencerme de que descansar es algo necesario sobre lo que no se admite ninguna discusión. por fortuna, me permiten dejar la mochila grande en el hostel mientras voy a dar una vuelta a la ciudad. a estas alturas ya no puedo cargar con ella durante todo el día. el aumento de peso que sufrió en córdoba, donde no pude decir que no a los libros que me regaló paquite, junto con el descenso de mis energías hace que levantar la mochila y echármela sobre los hombros sea cada vez una tarea más complicada.


tengo hambre, así que la primera parada que hago cuando salgo del hoste es en un supermercado, donde compro un libro de zumo de naranja exprimida y un par de plátanos. aún tengo los mueslies que compré en australia, así que siento en un escalon a comer y ver pasar a la gente. sigo fascinado con la calle, con sus coloridos carteles en caracteres chinos y con las japonesas. cuando llego a la estación es hora punta. en vez del caos que esperaba encontrarme, me hallo ante una perfecta organización digna de una coreografía de fama. para empezar, en el suelo hay pintadas unas marcas que indican dónde parará el tren exatamente. las marcas se corresponden con las puertas, de forma que la gente pueda esperar en el sitio adecuado. cada marca consiste en dos rectángulos con unas flechas. entre ellos, un pasillo que coincidirá exactamente con la puerta dl tren. la gente se organiza en colas de una persona en los rectánculos de las flechas. cuando el tren llega y las puertas se abre, la gente sale por el pasillo que queda entre los dos rectánculos. las colas hacen de improvisado pasillo, a la manera en que los futbolistas reciben al campeón de liga. cuando la gente ha terminado de salir, las colas empiezan a entrar organizadamente. el resultado es perfecto. cuando el tren llegua, decenas de colas de una persona le están esperando. en cuestión de segundos el tren está en marcha de nuevo.


aún cuando parece que la gente no va a caber en el vagón, caben. en los casos más apurados, cuando hay gente fuera y las puertas van a cerrarse. unos operarios de blancos guantes ayudan empujando para hacer sitio. nadie dice nada, todo se hace en silencio.

como es habitual, cuando llego a la estación me dirijo a una oficina de turismo, donde siempre pido consejo y un mapa. ante la falta de tiempo, la chica me ha recomendado el palacio imperial, así que hacia allí me dirijo. está accesible andando desde la estación, por eso he elegido ese destino en primer lugar, aunque el calor hace que parezca que está más lejos. el paseo ha sido en vano, o casi. el acceso al palacio está restringido, y es necesario una invitación para entrar. al menos eso le entiendo al policía que trata de explicarme que tengo que largarme de allí, quue como mucho puedo quedarme en los jardines de alrededor. es hago, pero al poco tiempo ya me he aburrido y estoy buscando nuevo destino en la guía que me dieron en la oficina de información al turista.


los jardines están muy bien, pero cuando llego a una ciudad lo que me gusta ver son sus calles. busco en la guía algún sitio bonito para callejear, y me dejo llevar por el instinto a la hora de elegir. pillo un metro y me planto allí en un rato. son calles estrechas y llenas de tiendas. por fortuna, a diferencia de en los alrededores del palacio imperial, allí no me encuentro turistas. pocos carteles traducidos al inglés y poca gente que habla el idioma, así que resulta complicado entenderse para preguntar cuánto vale esto o aquello. sin embargo, es mejor así, le hace sentir a uno que esta conociendo el verdadero pekin, los barrios donde la gente normal compra las lechugas para hacer sus ensaladas. el ruidoso gentío me lleva de un lado a otro, y no tardo en perderme. no quiero salir de allí, porque me siento deslumbrado por todo lo que veo y oigo. una locura de callejeo, en que veo tantas cosas nuevas para mi que podría llenar un libro se sensaciones.


a medio día empiezo a tener hambre, y decido comer en alguno de los muchos restaurantes que hay repartidos por las estrechas calles. no son restaurantes para turistas, pero de entre todos elijo uno que tiene aspecto de ser un restaurante de menús para trabajadores. la carta se encuentra totalmente escrita en caracteres japoneses, y la camarera no tiene ni idea de inglés, así que me voy obligado a pedir al azar. el eventual menú consiste en una ensalada, una sopa de pasta con pescado, que acaso sea aleta de tiburón, y un bol de arroz con algo que parecen tacos de pollo pero que luego resulta ser gelatinoso. tofú quizás. el postre lo ha elegido la camarera, y consiste en una especie de flan con sabor a fresas. para beber no me ha dado opción: me ha puesto un vaso de te frío, que me rellena cada vez que baja de la mitad. el calor es insoportable, y los ventiladores del local, aunque ayudan, no tienen mucho que hacer.


después de comer aún me quedo un rato más callejeando. compro otro pendiente (una pareja esta vez) y sigo paseando. debo llamar la atención entre tanto japo, porque uno de ellos, camara en mano, me pide que pose para una foto. lo hago preguntándome para qué coño querrá el colega una foto mía, y decido no seguir pensando en ello. para la tarde he planeado acercarme a la zona del templo sensoji, uno de los más antiguos de la ciudad. el metro me deja a solo unas manzanas, y cuando salgo a la supeficie me llevo dos decepciones: a primera es que todo está lleno de turistas, aunque eso ya debí imaginarlo, y la segunda es que el templo está cubierto porque los están reformando. todo ello hace que esté por allí poco tiempo, aunque también influye mi cansancio.


una merienda de cereales con zumo de manzana me da las fueras necesarias para completar la tercera fase, la de la zona de tienes y marcha. ya ha anochecido y los letreros de neón brillan en es negro cielo. todo está lleno de gente. el distrito roponggi es el preferido de los no japoneses que viven en tokio, así que por allí se pueden ver caras blancaas sin ojos rasgados. a pesar de no ser más de las 7, la gente ya llena los elegantes restaurantes. visten sus mejores galas y sus mejor maquillaje. me encantaría quedarme allí: cenar en algún restaurantet caro y luego pasar la noche en algún club o karaoke viendo cómo se las gastan los japoneses de juerga, pero tengo que volver a por la mochila. además, no estoy arreglado para una ocasión así. después de estar pateando la ciudad durante todo el día bajo un sol de justicia, necesito una ducha.


la vuelta es sencilla. ya soy capaz de moverme tranquilamente tanto por el metro como por las estaciones de cercanías de tokio. soy uno más que espera el tren en la fila correspondiente y que se hace sitio a base de empujones sin hablar. si tuviera una consola portátil o un móvil, nade podría distinguirme del resto de pasajeros. es curioso, pero las calles que me llevan al hostel, las mismas que recorrí cuando llegué la noche anterior, han perdido su magia. después de todo un día paseando por tokio y viendo carteles con caracteres japoneses, estos han dejado de interesame. unos días más y acabo visitiendo pantalón negro, camisa blanca y jugando al mario kart en una nintendo ds.


una vez en el hostel aprovecho una hora de adelanto para cenar algo de pasta y fruta y darme una ducha de agua fría que me quite la sensación pegajosa que tengo. me despido de los franceses que conocí el día antes y llego a la estación de tokio en unos minutos, media hora antes de que salga el autobús. mientras espero, pienso en lo abusurdo de tomar un autobús para ir a tokio, teniendo un bono que me permite usar el shinkansen, uno de los trenes más veloces del mundo. cambio un viaje en tren de dos horas por uno en autobús de 8. el motivo es sencillo: viajar en autobús durante la noche me permite tener un sitio para domir, y me ahorra el tiempo, el esfuerzo y el dinero de tener que buscar un hostel en kyoto para una noche. ya en el banco en el que espero estoy dando cabezadas, así que en cuento subo al autobús me quedo dormido. es sillón es cómodo, y no tengo compañero. nos han dado una manta, una almohada y unas zapatillas de papel para que podamos quiarnos los zapatos sin proble. todo parece indicar que el viaje va a ser cómodo, como así fue. demasiado tranquilo, en realidad, pienso mientras me estoy durmiendo. creo que echo de menos un poco de acción y emoción. los días de turismo se me hacen largos y algo monótonos. creo que el cuerpo me pide kilómetros, fronteras, y búsqueda de soluciones a problemas desconocidos. por suerte ya vuelvo a estar en la carretera. tokio es una ciudad fascinante, y tiene tanto que ver que estar un día es lo mismo que no estar, pero lo que realmente quiero es continuar con mi viaje alrededor del mundo.

10 comentarios:

Bachiller dijo...

"le hace sentir a uno que esta conociendo el verdadero pekin", normal, con tantas ciudades ya te resultará difícil saber en qué país estás, jaja.

Juan Mancera dijo...

Ten cuidado con las japonesitas.......

Javier Ortiz dijo...

Al final te has vuelto un yonqui de las emociones... ya si no estás al limite, con la adrenalina bombeando todo tu cuerpo, con tensión de estar a punto de quedarte colgado.... no te mola...

Teresa dijo...

hola

hace tiempo que no comento na, pero es que he estado utilizando una conexión.... no me dejaba comentar. lo que son las vacaciones...

gracias por acordarte de miguel, aunque ya habla mejor, seguro que ahora si lo entenderías... le dije que te habías acordado de él, aunque no se si me entendió del todo, pero él dice que si se acuerda de ti...

supongo que ya habrás dejado japón... espero que lo hayas disfrutado, y que te hayas hinchado de comida japonesa, ya nos contarás que tal.

muchos besos y disfruta del transiberiano (otro de mis sueños....)

juan dijo...

traete un chobits XD es broma ya mismo es el eclipse y estas cerca jejeje pareces que va a cosa echa para verlo

Manderlay dijo...

-__- me callaré el comentario acerca de tu foto rodeado de menores asiáticas XDDD

Julia dijo...

No sé por dónde andas. Pero ya me acordé de ti leyendo "tsunami" y nueva Zelanda. Y hoy me he vuelto a acordar leyendo Pekín y turistas españoles con gripe A.
Espero que ya andes por Rusia por lo menos.
Un beso.

Mme de Bachiller dijo...

Pero a quién se le ocurre ir a Roppongi cuando está Shinjuku o Shibuya!!!

Sergio dijo...

La primera foto que es???? es un nabo echando humo?
Cuidate y saca ya el cucal hio.

PutoDemonio dijo...

El japo que te pidió la foto sería un fan de este blog... jejeje!
Comistes en un restaurate? Eso no iba en contra de tu religión o algo? jajaja!!

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