domingo, 23 de agosto de 2009

mi paseo por el mundo

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muchas gracias a todos aquellos que han hecho posible que haya dado la vuelta al mundo. son muchos. son muchísimos.

martes, 18 de agosto de 2009

otra N. del A.

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gracias a todos por vuestros comentarios de ánimo. los he tenido antes de irme, durante el viaje y aun ahora que he vuelto. aún estoy en fase de aterrizaje, pero cuando me centre responderé a todos y cada uno de esos comentarios.

también me gustaría felicitar a todo aquel que ha logrado la proeza de leer el blog completo. han sido más de 100 entradas (esta es la 107 si no me equivoco) llenas de faltas de ortografía, erratas, errores de expresión y mucho rollo (tengo una propuesta de javi que consiste en pasarlo a limpio para dejar colgado para la posteridad algo decente, y con tiempo y unas cañas espero sacarla adelante).

a aquellos que decidieron esperar a que saliera la película, les diré que, si todo va según lo previsto, la primera parte se estrenará el próximo lunes 24 de agosto, coincidiendo con mi cumpleaños (antes era el día 23, pero como perdí un día camino de nueva zelanda, he decidido pasarlo al 24 a partir de ahora). la segunda parte aún no tiene fecha, pero probablemente tardará un par de semanas más (tengo que revisar todo el material que ha grabado).

por penúltimo, les voy a pedir sus números de teléfono. como saben, durante el viaje me robaron el móvil, así que he perdido la agenda con un montón de números de teléfono, muchos de los cuales eran de ustedes. quiero aprovechar que aún cuento con su atención para pedirles esos números, si es que siguen queriendo que los tenga. me los envían en privado a lacimadelmundo@gmail.com.

por último, gracias.

lunes, 17 de agosto de 2009

made it!

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I walked a mile for you baby
so won't you smile for me baby?

llegada a españa

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día 15 de agosto del año 2009 de vuestro señor

a las 5 en punto de la mañana se abre la estación de autobuses de niza, y a las 5 en punto de la mañana, un par de policías empiezan despertar a todo el mundo. desde que matt y yo nos acoplamos ha venido mucha gente, y ahora todos andan desperezándose y recogiendo bártulos. yo ya estaba despierto cuando la policía ha venido; una puta máquina de limpiar no ha dejado de hacer ruido en toda la noche, así que he dormido, como de costumbre, a ratos de unos minutos. me alegro de que sean las 5, porque así nos podemos poner en marcha. las noches sin dormir se me hacen cada vez más largas.

nuestro tren a marsella ya se encuentra en el andén, así que entramos cuando aún no hay nadie. todavía falta una hora para que salga, pero allí podemos echar una cabezada mucho más tranquilos y cómodos. mientras dormimos, un ruído me despierta. me asomo a la ventana y veo a mucha gente, mochileros en su mayoría, bajando del tren con mucha prisa. salgo del departamento y pregunto al primero que pasa.

-¿qué ocurre?
-el tren se ha averiado y no va a salir. la gente se está subiendo al de parís, que para en toulon. ahí se puede coger otro para marsella.

joder, para un rato que me duermo, pasa esto. despierto a matt y nos ponemos en marcha. el tren a parís es uno de larga distancia, por lo que hay que reservar con anterioridad. por supuesto, ni uno sólo de los integrantes de la turba de mochileros que se dirige al tren tiene reserva ni la intención de hacerla. sólo estamos tratando de llegar a nuestro destino (el destino de todos ellos, que yo no tardaré en convertir en el mío propio, es barcelona).

en unos minutos, hemos subido todos al tren. yo he tenido suerte y puedo ocupar una butaca, pero la gran mayoría están tirados por los pasillos, ocupando las zonas para equipajes o de pie en las escaleras. se nota que la gente que viaja en el tren no se encuentra a gusto con la invasión, pero nadie va a sacarnos de allí. el tren arranca, y a medida que va haciendo paradas, e incorporando gente con reservas, va habiendo más y más mochileros en los pasillos. cuando nos acercamos a avignon, alguien empieza un debate. propone seguir hasta avignon, y ahí tomar un tren a montpellier en vez de parar en toulon y hacer el trasbordo a marsella. de pronto, se oyen voces por todo el vagón opinando sobre la mejor ruta. cada uno aporta sus propias notas, itinerarios obtenidos de las maneras más diversas. matt y yo colaboramos con el itinerario que sacamos anoche de la página de la bahn. es una especie de p2p de mochileros, un gps colectivo y espontáneo, gente que no se conoce trabanjando juntos en una lluvia de ideas que de con nuestros huesos en barcelona.

al final, el senado mochilero decide no bajarse en toulon, así que seguimos adelante con destino avignon. el revisor, al darse cuenta de que no bajamos, se enfada y empieza a gritar, pero nadie le hace caso. por lo que deduzco, han permitido que todos subamos al tren de parís porque no les importaba que hiciéramos algunos kilómetros, pero al ver que no hemos bajado, se ha puesto de los nervios. alguien le informa de que vamos a seguir una hora más, y parece tranquilizarse, o al menos resignarse.

-¡me encanta viajar! -me dice matt cuando decidimos improvisar el itinerario.
-total -respondo.

cuando bajamos en avignon, alguien advierte que tenemos que cambiar de estación de autobuses. de pronto, y sin saber bien como, se que para cambiar de estación hay que tomar un shuttle que se encuentra esperando a la puerta, que tarda 20 minutos y que cuesta 1,20 euros. la información se transmite de forma mágica entre todos, un conjunto de desconocidos con un objetivo común y con ganas de conocer gente. nos dirigimos al autobús de forma ordenada, sin dudas, si errores. es como si lo hubiésemos hecho toda la vida.

somos tantos los viajeros que nos dirigimos a barcelona (yo hace tiempo que he decidido dejar la aventura de buscar t...), que llenamos el autobus, que en 20 minutos exactos nos deja en la estación central. de ahí, vamos directos al andén y tomamos el segundo tren del día.


llegar a barcelona atravesando el sur de francia no es nada fácil. no existe ningún tren directo, y la única forma de hacerlo es tomando varios trenes de cercanías e ir enganchando. durante esos cambios de tren, el grupo de mochileros se va dispersando, y al final queda un grupo compuesto por dos inglesas jamonas, un tipo de estados unidos, dos universitarios canadienses, un croata, un grupo de tres irlandeses, matt y yo. el recorrido que hacemos es el siguiente: niza - avignon - montpellier - narbonne - port bau - barcelona. llegamos a la ciudad condal a las 17_39h de la tarde. no hemos esperado más de 15 minutos en ninguna de las estaciones que hemos pisado. los trayectos, todos cortos (de menos de dos horas), se han hecho muy cortos entre juegos de cartas, merendolas, anécdotas de viajeros y preparación de próximos trayectos.


me alegra estar tan cerca de casa, porque me atrae la idea de volver a ver a los míos, descansar, darme un paseo por las playas de benalmádena y tomar un aquarius en el tapería de la tía maría, pero se me hace realmente duro admitir que este viaje mío está a punto de terminar. es una mezcla de sensaciones demasiado extraña para tratar de comprenderla, así que me limito a resignarme y a dejarme llevar. sólo tengo que decidir si me quedo una noche en barcelona o tomo el primer tren que sale para málaga, con lo que estaría en casa con tiempo de desayunar el domingo. lo decidiré cuando pise suelo barcelonés.

estamos llegando a barcelona cuando decido que me voy a casa, que quiero tomarme un pitufo integral de atún con tomate, un café con leche y un zumo de manzana natural en la cafetería de mi hermano. llegaré allí sin avisar y desayunaré después de haber estado dos días casi en en ayunas. me parece un plan cojonudo.

cuando el tren está llegando a barcelona, hay una nueva reunión del senado mochilero. tratan de decidir si es mejor pararse en la parada de paseo de gracia o en sants, la estación central. según comenta uno de los croatas, el hostel al que van ellos (parece ser el mismo para todos) está a diez minutos caminando desde la parada de paseo de gracia. algunos prefieren llegar a sants porque allí tienen enlace con el metro, que les dejará aún más cerca.


-paso de caminar 10 minutos con 20 kilos a la espalda. prefiero sants -dice una de las inglesas.

es curioso, pero desde que tomé la decisión de que me iría a casa, de que no haría noche (sí tarde) en barcelona, me he desconectado completamente del grupo. ya no me siento uno de ellos, no me siento un senador. me limito a oirles, y sorprenderme de lo bien que han preparado su llegada a barcelona. conocen paradas de tren, de metro, horarios de autobuses y direcciones. yo nunca tuve tiempo de preparar tan bien las cosas, siempre llegaba a las ciudades despistado y atropellado.

finalmente, el grupo se rompe: la gran mayoría se bajan en paseo de gracia, pero las inglesas, matt y yo seguimos hasta sants. las inglesas toman el metro, así que sólo quedamos el londinese y yo, que vamos directos a la venta de tickets de larga distancia. yo no tengo ningún problema en conseguir mi billete para esa noche (saldré a las 21.45 y llegaré a las 8.30), pero matt sí se ha topado con algunos obstáculos. me quedo con él, tratando de hacerle de intérprete (aunque las palabras que salen de la boca de matt están pegadas con chicle unas a otras, por lo que me resulta muy difícil entenderle) y apoyándole con mi presencia. lo que ocurre es que el tren que quería tomar de barcelona a parís está lleno, y no puedo tomar el del día siguiente porque ya le habrá caducado su interrail. debemos ir a información, donde después de un buen rato probando diferentes combinaciones, damos con una que le sirve. tendrá que hacer varios trasbordos, pero logrará llegar a parís a tiempo de tomar su avión de regreso a londres.

-beer? -me pregunta sonriente mientras guarda el papel con el itinerario en su bolsillo.
-never say no to beer -le respondo.

salimos de la estación para buscar un típico bar español (los de dentro de la estación son franquicias sin personalidad), y no tardamos en dar con uno en una esquina.

-dos estrella, por favor -pido al camarero, que resulta ser de nepal -. y una ración de tortilla de patatas. con cebolla.


mientras tomamos la cerveza, matt me cuenta sus planes. ha quedado con un amigo, a quien irá a buscar cuando salgamos del mar, y estará en barcelona un par de noches. luego irá a parís y tomará un avión de regreso a londres, su ciudad. allí seguirá con su vida normal. está euforico por haber conseguido una combinación para llegar a la capital francesa, y se toma la cerveza en dos sorbos.

-esta cerveza está genial. y la tortilla española está buenísima.

apenas hemos comido nada en todo el día, así que la tortilla (que realmente está muy buena) no nos dura ni medio asalto. ambos tenemos algo de prisa: él por encontrarse con su amigo, instalarse y tomar una ducha, y yo por irme a dar un paseo por barcelona a hacer unas fotos. le acompaño al metro y allí nos despedimos.

-espero que nos volvamos a ver algún día.
-yo también.

vuelvo a quedarme solo, pero no tengo tiempo de ponerme melacónlico. por delante tengo sólo 3 horas para hacer turismo express en barcelona. la plaza de cataluña, las ramblas, la sagrada familia y de vuelta a la estación, con media hora de adelanto. subo a mi tren en cuanto me dejan, y compruebo que eso que llaman tren hotel es un tren muy bien preparado. nada que ver con lo que he visto por esos países de dios: asientos anchos, pasillos con moqueta, botellín de agua, auriculares, set de higiene básica, música ambiental. todo un lujo para volver a casa.


me pongo en pantalón corto, los calcetines y estreno un par de las zapatillas que me regalaron en el autobús de tokio a kyoto. por fortuna para todos, no tengo compañero de butaca, porque después de 4 días sin ducharme, durmiendo tres noches seguidas en el suelo, debo de oler a rayos. el tren arranca a la hora exacta, y, después de escuchar mi canción, me pongo molotov durante el par de horas que quedan de sábado. tengo toda la noche por delante, y pesar del cansancio y el sueño, no puedo dormir de pura excitación, así que me paso el viaje mirando la oscuridad a través de la ventana.

a las 8.24, el tren llega a la estación maría zambrano de málaga. el corazón me late a mil por hora por los nervios de volver a pisar suelo mañagueño, aunque me tranquilizo en el momento en que salgo de tren. estoy tan eufórico que no puedo evitar dar algunos saltos mientras me dirijo al autobús urbano. finalmente, no he avisado de mi llegada, así que llevaré a cabo el plan previsto.


bajo del autobús, y rodeo la manzana de la cafetería para llegar de improviso. cuando estoy entrando, mi primo alejandro es el primero en verme.

-¡hombre primo! ¿cómo estás?
-hecho misto ale, hecho misto.
-no veas los chinos del barco ¿no? ¿te iban a poner bien? ¡big!

racimo de abrazos.

roma

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día 14 de agosto del año 2009 de vuestro señor

alguien me da una patada en la boca del estómago y me despierto sobresaltada. por suerte no ha sido más que un sueño, pero el dolor sigue ahí. mis tripas están dando guerra de nuevo. ni siquiera sé qué hora es, pero tengo que levantarme de un salto y salir corriendo en busca del baño. no está lejos, pero está cerrado. abren a las 5 de la mañana. me pregunto qué hora será.

tengo dar algunas vueltas para hacer tiempo a que abran los baños. no puedo quedarme parado, o algo malo va a pasar. corro de aquí para allá por la estación dormida hasta que por fin es la hora y consigo superar esta segunda crisis. aprovecho para asearme y darme por despertado definitivamente. en total he dormido dos horas.

cuando salgo del baño, la estación ya parece otra. ha abierto las puertas de la calle y empieza a haber movimiento. las cafeterías ya tienen colas de adictos a la cafeina, y huele a café y pasteles. aprovecho para acercarme a la oficina de tickets a reservar mi siguiente tren, el que debe llevarme a narbonne, en el sur de francia y cerca de la frontera con españa. después de esperar una larga cola, me encuentro con que todos los trenes que llegan hasta narbonne están llenos. hoy no se puede llegar allí. ya es la tercera vez, y hoy hace mucho daño. no puedo quedarme en roma, tengo que salir como sea.

-¿qué me dice de un tren a ventimiglia? -le pregunto a la amable ragazza.
-a ventimiglia hay un tren a las 15_45h. según dice el ordenador, está lleno, pero quizá puedas subirte. no dice por ningún sitio que sea obligatorio reservar, así que en teoría puedes subirte con tu billete de interrail. eso sí, tendrás que buscarte un asiento por tu cuenta.
-no importa, me sentaré en el pasillo si es necesario. ¡grazie!

ventimiglia es un pueblo italiano justo a lado de la frontera con francia. lo recuerdo porque el verano pasado, cuando hice el viaje por europa, tuve que usarlo para cambiar de tren en mi viaje de marsella a florencia. es una especie de estación clave, que sirve de puente entre los dos países. mi idea es llegar allí, tomar un cercanías para llegar a francia, y una vez en francia moverme con trenes de corta distancia, en los cuales no es necesario hacer reserva. renuncio a los cómodos coches camas que te llevan directos al destino, no me queda otra opción. tendré que construirme el viaje yo mismo a trozos. será divertido.

con la información bien anotada, vuelvo al campamento base. allí todos están despiertos y preparando sus mochilas. las lituanas de van a desayunar, los argentinos van a intentar llegar al hostel ahora que las líneas deben de estar abiertas y los turcos se van con los argentinos. me despido de todos y me largo. sólo tengo unas horas en roma y tengo muchas cuentas pendientes con esta ciudad. me voy directo a la oficina de turismo a por un mapa, dejo la maleta en la consigna de la estación y de ahí me zambullo en el calor romano de las 8 de la mañana.


el día me cunde más de lo que esperaba. salir tan temprano ayuda a no encontrame las hordas de turistas que tomarán las calles a lo largo del día. el coliseo (mi primer destino, sin duda), el palatino, foro romano (desafortunadamente el obras), la fontana de trevi, la plaza de san pedro, la plaza de españa... nada ha cambiado desde la última vez que estuve, hace más de quince años.

roma me recuerda a julia.

vuelvo a la estación con tiempo suficiente de tomar el tren con traquilidad. busco una siento, pero no tardan en reclamarlo, así que siento directamente en uno de los asientos plegables que hay en el pasillo. es jodidamente incómodo, pero no tengo otra opción. trato de escribir un rato, pero tengo que dejarlo porque la gente no para de pasar por allí. el tren tiene overbooking, y los pasillos están llenos de gente con maletas de busca desesperadamente un sitio. después de todo, tengo suerte por haber encontrado al menos un asiento plegable.


se trata de un tren que efectúa muchas paradas, así que tardaremos bastante en llegar a ventimiglia (con el retraso acumulado terminaremos llegando a las 23_30h). en cada parada sube más y más gente, hasta llegar a un punto en que el pasillo queda totalmente colapsado. el tipo que se gana la vida vendiendo cafés y chocolatinas se queja de que no puede pasar con su carrito. grita y gesticula con esa gracia tan propia de los italianos. después de un par de horas se queda un asiento libre, uno de los de verdad, y puedo hacerme con él. eso me permite, en primer lugar, escribir un rato y, en segundo lugar, terminar de leer rayuela con toda la pena de mi corazón. el resto del tiempo lo paso dormitando. las dos últimas noches las he pasado durmiendo en el suelo por unas pocas horas, así que no he descansado desde que dormí en grecia.

las tripas me están respetando, pero estoy realmente débil. por supuesto, estoy hambriento y trato de engañar a mi cuerpo dándole de vez en cuando un par de sorbos de gatorade de naranja. el final del viaje está siendo realmente agónico, y aún me queda la parte de francia y españa. espero poder empezar a comer algo sólido esta noche, pero por ahora prefiero esperar; quiero estar al menos 24 sin tomar alimentos sólidos.


finalmente llegamos a ventimiglia con media hora de retraso, así que creo que lo mejor será quedarse a hacer noche allí. mi intención inicial era cruzar la frontera y hacer noche en niza, pero a esas horas ya no hay trenes, o eso creo.

-¿oye, vas a dormir aquí? -oigo en inglés a mi espalda.
-no lo tengo, pero creo que sí -respondo al tipo, un muchacho rubio de barba de una semana y una pequeña mochila.
-mi idea era llegar a niza, pero el retraso me ha jodido.
-yo estoy igual. ¿dónde te diriges?
-a barcelona ¿y tú?
-pues si te digo la verdad, no lo tengo claro (no tengo nada claro). tenía pensado ir a narbonne para luego buscar un pueblo de una amiga (una larga historia), pero no creo estar en condiciones, así que quizás sería buena idea irme contigo a barcelona. ¿te parece si hacemos juntos el viaje?
-claro, genial.

mientras hablamos, un tipo con la camiseta de la sampdoria nos dice en italiano que el tren a niza no ha salido aún, que está esperando en el andén a que suba todo quien quiera hacer trasbordo. se lo explico a matt, que así se llama mi nuevo compañero de viaje.

-genial, pues no perdamos tiempo.

nos subimos al tren a la carrera, y en una hora más estamos en niza. haremos noche allí. es curioso, pero el año pasado empecé mi viaje haciendo noche en niza, y este año vuelvo a hacer noche aunque cuando estoy de vuelta. está exactamente igual que el verano pasado: las mismas putas, los mismos yonkis, los travelos, los negros, los moros, los mochileres. es una copia de aquella noche en que lo pasé tan mal. ahora es diferente, tengo mucha más experiencia (aquella fue la primera noche y no sabía ni donde tenía la cara) y lo veo todo desde una perspectiva diferente. además, ahora somos dos, lo que hace que pueda dormir mucho más tranquilo.

antes de eso, hemos ido al macdonald's para consultar el trayecto que tenemos que hacer hasta llegar a barcelona. en total tenemos que tomar 4 trenes más: de niza a marsella, de marsella a narbonne, e narbonne a port bou y de port bou a barcelona. si todo va bien, no hay retrasos y no perdemos ninguno, llegaremos a la capital catalana mañana por la tarde, a eso de las 18_00h. no es mal plan, pasar un sábado por la noche en barcelona.

mientras buscábamos el macdonald's, hemos encontrado un supermercado y he comprado un par de manzanas que he lavado como si la vida me fuera en ello. las he comido en dos bocados y he acompañado con una botella de litro y medio de agua. espero que no me caiga mal. después de la crisis de por la mañana no he vuelto a tener problemas. la fiebre a desaparecido y en las tripas no he tenido más que leves molestias sin importancia. veremos como se pasa la noche.

nos acoplamos en la misma sucia acera en la que estuve el año pasado, en las puertas de la estacion. está igual de caliente y correo la misma brisa fresca. se oyen las mismas peleas de negros, los mismos gritos, la misma música alta de los mismos coches, los mismos camiones de la basura, los mismos tipos con las mismas mangueras.

mientras recuerdo aquella noche, me duermo apoyado en la bolsa de la ropa sucia.

noche en roma

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día 13 de agosto del año 2009 de vuestro señor

cuando llegamos a roma no tenemos ni idea de lo que allí nos espera. una perogruyada como otra cualquiera, claro.

bajamos dprevistoel tren con unos 15 minutos de adelanto a lo que habíamos , y caminamos buscando el metro. en mi mano tengo una libretita con las instrucciones para llegar al hostel.

-a ver, repasemos una vez más -les digo a los pibes con tono de profesor-. debemos tomar la línea A hasta flaminio (regla mnemotécnica número 1: flaminio suena como flamingo, el esquipo de ronaldo). para ello hay que ir en dirección battistini (regla mnemotécnica número 2: battistini suena a batistuta). una vez allí, hay que hacer transbordo al cercanías y bajarse en la parada prima porta (sin necesidad de regla mnemotécnica). desde prima porta debemos coger un shuttle, fletado por el propio hostel, que nos llevara a nuestro destino.

ocurre que el shuttle pasa cada media hora hasta las 23, y son las 23.15h, y lo que nos queda para llegar allí. sin embargo, en previsión, llamamos desde el macdonald's al hostel y nos dijeron que no había problema, que sólo teníamos que llamar cuando estuviésemos en la parada, y alguien vendría a recogernos.

todo va bien hasta que llegamos a flaminio, y queremos hacer el trasbordo. preguntamos a un un polizia, y nos dice que la línea de cercanías cierra a las 22.00h. nos quedamos helados. ante eso nada podemos hacer.

-tengo otra pregunta para usted. ¿dónde puedo encontrar un baño? -pregunto al polizia.
-en el metro no hay baños.
-vaya.

mi segunda pregunta viene a cuento de que mi estómago ha empezado a hincharse de tal forma que pienso que estoy a punto de estallar. mis tripas se retuercen de forma ruidosa y un dolor agudo me penetra hasta atravesarme. convivo con él desde que bajamos del tren, pero lo he ido capeando con cierta soltura, aunque en todo momento he ido notando que la punzada era cada vez más sádica y dolorosa. a estas alturas, tengo que desabrocharme las correas de la mochila porque me aprientan el globo que tengo por barriga multiplicando el dolor que ya viene de dentro.

-chicos, tengo lo que en españa llamamos "un apretón". un apretón que te cagas.
-¿qué significa eso?
-básicamente, significa que necesito encontrar un baño de aquí a cinco minutos, u ocurrirá algo que no vais a olvidar en vuestra vida.
-¿te estás cagando?
-busquemos un baño, y luego nos centraremos en el problema del hostel, ¿os parece?
-por supuesto.

en el metro no hay baños, así que tenemos que deshacer nuestros pasos y volver a la estación de tren. recuerdo haber visto carteles de baños públicos. son sólo cuatro paradas, pero un grupo de turistas, una excursión de tipos con camisas de colores, hace que el camino desde que bajamos del tren hasta que alcanzamos la estación de termini dure 100 años.

-es el único metro del mundo en el que la gente no va deprisa. maldita sea mi estampa.

cuando llegamos a la estación, entre paradas obligadas para doblarme sobre mi mismo como una bisagra, brazos en jara, tratando de capear las contracciones (cada vez más seguidas), volamos siguiendo las flechas de los servicios.

-ahí están -me digo a mi mismo mientras trato de abrir una puerta cerrada con llave-. maldición, está cerrado. debemos buscar otro.

más carreras por los pasillos de la estación, tres mochileros en busca de la tierra prometida, y damos con otros servicios. estos están abiertos, pero son de esos en los que hay que pagar, como en sudamérica y en europa del este.

-¡80 céntimos de euro! valiente panda de ladrones -exclamo.

creo que no puedo más. es como cuando te estás meando y tu cuerpo, de alguna forma desconocida, detecta que ya estás llegando a casa y se impacienta. otra crisis y creo que ya no puedo más. estoy sudando como un pollo, mitad por las carreras, mitad por la fiebre. aun con todo, acierto a meter un euro en la ranura.

-ábrete sésamo -digo triunfalmente.

nada ocurre. la moneda ha sido devuelta. vuelvo a intentarlo, y lo mismo ocurre. cambio de máquina con el mismo resultado. me retuerzo sobre mi mismo en espasmos violento (definitivamente no lo voy a lograr) pero consigo mantener la frialdad suficiente como para leer que sólo se aceptan monedas de 50, 20 y 10 céntimos.

-chicos, ¿tenéis cambio? -pregunto con voz temblorosa que trato de disimular.
-sí, dame un minuto.

no tengo un minuto, pero no quiero meterle prisa a federico. por suerte, sólo era una forma de hablar y en unos segundos tengo el cambio.

-ábrete de una puta vez, sésamo.

las puertas de cielo se abre.

una vez solucionada la crisis (como temía en ese momento, se repetirán en el futuro), tenemos que centrarnos en el asunto realmente importante: buscar hostel. estamos en la estación de tren, y hemos planteado dos posibles opciones. por un lado, llamar al hostel y pedirles que nos recojan aquí o en cualquier otra parada de metro. por otra parte, buscar a un tipo que ofrecía hostel en la estación. le hemos visto cuando hemos llegado, pero no le hemos hecho caso, como corresponde.

la primera opción se desvanece en pocos minutos. llamamos al hostel, pero la persona que responde no es la misma que la que nos dijo que nos recogerían. ni siquiera sabe inglés, aunque nos hacemos entender.

-no es posible que os vayamos a recoger. la única opción es tomar un taxi.
-¿cuánto cuesta un taxi hasta allí?
-30 0 35 euros.
-vale, pues anule mi reserva.

sólo nos queda una opción, y es encontrar al tipo que ofrece hostel. volvermos a los andenes, donde estaba cuando llegamos, y allí está.

-¿quéreis un hostel bueno?
-tenemos reserva, pero si nos ofrece algo barato podemos cambiar -le respondo preparándome para el regateo.
-tengo dormitorios con todas las comodidades y bla bla bla.
-ya, pero ¿cuánto?
-35 euros cada uno.

regateamos todo lo que podemos, pero sudamos tinta para bajarlo a 18. reconociendo que 18 no está mal, no podemos aceptar. nuestro límite está en 11 o 12. es más de media noche y no pienso pagar 18 pavos para dormir unas horas. los argentinos está de acuerdo. el tipo del hostel se rebota bastante, porque a pesar de habernos dejado el alojamiento en la mitad, no hemos aceptado. mientras discutíamos con el tipo, yo me he acercado a unas mochileras y les he preguntado por alojamiento barato. me dan un par de direcciones que no bajan de 20 euros, así que les tengo que decir que no.

-nosotras vamos a quedarnos a dormir en la estación. ¿por qué no hacéis lo mismo?
-¿sabes si cierra la estación?
-creo que sí, pero si tienes billete te dejan quedarte.

me parece buena idea, así que se lo comento a los argentinos. aunque reciben la proposición con ciertas reservas, no tardan en animarse. entretando, el tipo del hostel trata de asustarnos.

-dentro de un rato, a la 1, vendrá la policía y os echará a todos a la calle.

miente. preguntando a otros mochileros nos enteramos que nos podemos quedar, siempre que nos vayamos todos al andén 1. a la policía no le gusta que la gente se quede a dormir en la estación, pero pasa un poco la mano y lo permite siempre que sea de forma un poco ordenada. todos al mismo sitio. me parece genial.

agarramos las mochilas, y nos acomodamos. en total seremos unos 10 o 12 personas. las dos chicas de lituania, karolina y eve, un grupo de turcos y nosotros tres. cada uno aporta lo que puede para hacer un improvisado campamento, en pocos minutos estamos jungando a las cartas en una bonita hermandad. jugamos al pumba. cuando llega la hora de comer, decido no hacerlo. de oídas sé que las gastroenteritis se curan dejando que el cuerpo se limpie, y para ello, nada de comidas sólidas. mucha agua y mucho aquarius, pero nada sólido. una pena, porque habíamos comprado un montón de buena fruta que acabamos regalando.


después de un par de manos, un poco de charla e intercambio de correos, direcciones e invitaciones, nos vamos a dormir. he tenido suerte y me ha tocado dormir sobre una esterilla, junto a eve, una auténtica lolita del este. digo mal, no es suerte: es pura amabilidad lituana.

italia

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día 13 de agosto del año 2009 de vuestro señor

si bien no he dormido, sí que he dado algunas cabezadas. lo sé porque cada vez que despertaba, el panorama alrededor era diferente. me tumbé sólo en un pasillo, entre las butacas, y con cada despertar me encuentro a más gente a mi alrededor. desde luego, no he descansado. me levanto, y tras ir esquivando de puntillas los cuerpos de docenas de personas que duermen el el suelo, llego al baño y me aseo. de ahí subo a la cubierta. está amaneciendo y el espectáculo es precioso. en el horizonte, el sol saliendo. al otro lado, italia cuan larga es. viajamos lo suficientemente cerca de la costa como para distinguier perfectamente el perfil de tierra.


ya no tengo el dolor de cabeza ni el frío (a estas horas ya hace calor), pero los músculos me siguen doliendo. la tripa me ha dado algún problema durante la noche, aunque nada serio. veremos como avanza la cosa. mientras tanto, me siento a contemplar el espectáculo mientras oigo música y la gente empieza a desperezarse.

un par de horas más y estamos en tierra. durante la mañana, hemos ampliado el grupo, y ahora somos un italiano, dos argentinos, una finlandesa, una sueca, una danesa y yo. siete personas con historias muy diferentes que han coincidido en el ferry, y que tomar el autobús del puerto a la estación de tren. nuestra intención (la de todos excepto la del italiano que se dirije a milán), es tomar el tren de las 13:44 a roma, sin embargo nos encontramos con la sorpresa de que está completo (ya es la segunda vez que me pasa, ocurrió en estambul). debemos conformarnos con el siguiente, que sale aa las 18.00h. eso, además de hacer que tengamos que pasar muchas más horas de las deseadas en bari, hace que lleguemos a roma muchoa más tarde, a las 23_00h. por suerte, tengo hostel reservado, y no parece difícil de encontrar. según explican en su web, sólo hay que ir a una parada de metro y ahí me recogerá un shuttle que me llevará directo al hostel.


tras unos momentos de cunfusión, el italiano se va (él no ha tenido problemas con su tren) y el grupo de seis se separa: las chicas se van por un lado y los argentinos y yo por otro.

-nos vemos en el tren.
-claro.

nosotros decidimos buscar un supermercado, desayunar unos sandwiches de jamón y queso y poner el cuartel general en el macdonald's. allí nos podemos refrescar, revisar nuestros correos. además de eso, kevin puede llamar a sus padres en argentina, enviar unos correos a sus amigos y buscar hostel en roma (no tienen nada reservado).


-gracias, siento que estoy abusando -me dice con timidez.
-no te preocupes. lo paga todo el señor macdonald's -le respondo.

aunque no le digo nada, me gusta poder ayudar a estos chicos. no es que les esté salvando la vida, ni nada parecido. seguro que se las arreglarían muy bien solos, y no me necesitan para nada, pero el hecho es que han podido hablar con sus familiares y les he ayudado a buscar alojamiento (su nivel de inglés les hace complicado hablar por teléfono con los hosteles, así que he llamado yo en su nombre). es poco, pero hace que sienta que estoy devolviendo algo de la ayuda que recibí yo en egipto. no recuerdo en qué película era en la que decían algo así como: "no me devuelvas un favor; pásalo.".

entre llamadas, visitas al supermercado y risas, pasan las horas y subimos al tren. allí nos encontramos con las chicas y ocupamos un compartimento de 6. el viaje es largo (en tren para cada 10 minutos) pero se hace agradable con la conversación y las bromas. federico es el alma de la fiesta, y nos hace reir a todos.


cuando faltan un par de horas para llegar, anna, elena y kristel llegan a su destino, un lugar cerca de nápoles, así que el resto del viaje lo hacemos los tres sólos. eso nos permite hablar español y profundizar un poco más en las conversaciones, compartiendo reflexiones y, como me suele pasar en estos casos, sentirme cómo contando cosas a desconocidos. a kevin que robaron la videocámara cuando la dejó cargando en un lugar donde cualquiera podría haberla cogido.

-no me molesta haber perdido la videocámara, pero sí lo videos que grabe para mis padres. ya que ellos no han tenido la posibilidad de viajar, me hubiera gustado que hubieran visto los sitios en los que yo he estado a través de mi propia visión -cuenta kevin.
-eres muy confiado -le reprocha con cariño federico.
-prefiero seguir confiando en la gente y que me sigan robando, a empezar a desconfiar.

es una manera de pensar que me gusta, y que yo mismo me aplico a veces, aunque esa filosofía es realmente complicada de mantenar con el paso de los años. los pibes sólo tienen veintitantos, y probablemente el paso de los años les hará inevitablemente recelosos. ojalá me equivoque.

domingo, 16 de agosto de 2009

salida de grecia

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día 12 de agosto del año 2009 de vuestro señor

despierto y estoy tan cansado como la noche anterior. no me ha servido de nada dormir estas cuatro horas que han pasado desde que me fui a la cama. la habitación está aún a oscuras, señal de que es muy temprano, pero decido bajar a desayunar, tengo ganas de terminar la caja de korn flakes que me compré ayer. acompaño con un café y algo de fruta. espero tener las energías suficientes para no volver a desfachecer de esa manera.

la cocina del hostel es tan pequeña que apenas caben 3 personas. eso, y que el desayuno no esté incluído en el precio, hace que siempre esté vacía, así que desayuno tranquilo mientra reviso correos y escribo algo. no tengo ganas de nada, estoy completamente apático, el calor puede conmigo, aunque no son más de las 7 de la mañana. pruebo a darme una ducha, pero no arregla gran cosa. preparo la mochila y vuelvo a bajar a la cocina (el hostel no tiene ningún lugar de reunión).

-joel, te invito a un café -le digo al muchacho colombiano.
-venga.

tomamos el café, al que se incorpora rico, el chico ruso. charlamos un rato sobre el problema que ha tenido joel, a quien robaron el bolso con todo su dinero y documentación.

-en atenas no hay embajada de colombia, así que me están ayudando desde la embajada española.

lleva más de 10 años en españa, pero no se ha preocupado en sacarse la doble nacionalidad. eso le hubiera facilitado mucho las cosas. probablemente lo haga cuando vuelva.

entre unas cosas y otras, llega la hora de irme. mi tren sale a las 11, y me dejará en patrás a las 14, así que me cargo la mochila a la espalda, me despido de todos y hago a pie los 200 metros que me separan de la estación. no son más de cinco munutos, pero suficientes para hacer que llegue arrastrando la lengua. busco una sombra desesperadamente en el anden.


-¡eh! ¿tú eres el español no? -me dice en inglés un tipo con gafas y barba de una semana.

le escruto la mirada unos segundos hasta que consigo reconocerlo.

-¡tú eres el alemán de estambul! -le respondo mientras veo a su colega por encima de su hombro.
-¿pudiste llegar a damasco? -me pregunta interesado.
-¡sí! a pesar de que las llamadas se cortaban, pude oirte decir que ibas camino de la estación de autobuses, así que deduje que era imposible coger el tren.
-¡menos mal!

les explico el recorrido que he hecho hasta el momento para llegar a atenas, y ellos me explican que cuando llegaron a damasco, volvieron por sus pasos y continuaron de estambul a atenas.

-cuando volvimos a estambul, te estuvimos buscando -me dice entre risas.
-ya te digo.

haremos juntos el viaje hasta patras: dos viejos trenes que se mueven por paisajes que hacen que cualquiera diría que estamos en españa. cuando llegamos a patras, sacamos los billestes del ferry y matamos las horas que quedan para la salida a base de cervezas.

-os recuerdo que os dije que si llegaba a damasco como lo tenía previsto, os pagaba una cerveza.
-es cierto.

el único sitio que encontramos es una cafetería un tanto snob con una terraza que se asoma al puerto y a los enormes barcos que allí esperan. está ambientada con decoración de los sesenta y tiene camareros vestidos de riguroso blanco. no tienen cerveza del país, así que tenemos que recurrir a buds y coronas. a pesar de ser la tercera ciudad de grecia, patras no parece gran cosa.

mientras tomamos las cervezas, me proponen hacerme una pequeña entrevista, nada serio, sólo preguntarme mi nombre, de dónde soy y qué países he visitado hasta el momento. están haciendo un documental de su viaje, y parte del mismo es el cuestionario que hacen a viajeros con los que se cruzan. acepto encantado.

-cuando este listo, te mandaremos el DVD a casa, si es que quiere. hay gente que no quiere.
-claro, será genial.


falta una hora para que el ferry arranque, así que nos despedimos (ellos descansarán un día en patras y tomarán el ferry del día siguiente). está a solo unos metros de la cafetería, así que en 10 minutos ya estoy dentro. el barco es más grande y lujoso que cualquiera de los que he tomado hasta el momento, aunque con el billete de interrail solo tengo derecho a la plaza más barata, a la de cubierta. eso significa que no tengo habitación, y ni siquiera cama. sólo puedo moverme por la cubierta exterior o por las zonas comunes interiores, comedores y salas de reunión lujosamente decoradas.

la cubierta está llena de mochileros, así que me subo allí y me siento en una de las mesas de la cafetería. sigo cansadísimo, y además me duele la cabeza por las tres cervezas que nos hemos tomado. dedido tomarme un par de pastillas casi al azar (ni siquiera tengo el prospecto) y me pongo a escribir un rato.

junto a mi mesa se han sentado un chica con aspecto del norte de europa, un italiano (se le nota el acento a la legua) y un joven argentino. hablan en inglés de esto y de aquello, y a pesar de que no tengo muchas ganas de alternar, decido incorporarme (la noche puede ser muy larga, y quizás me venga bien charlar un rato. al poco tiempo viene un segundo argentino. tienen algunos problemas con el inglés, así que acabamos hablando los tres en español, dando un poco de lado a la chica, que resultó ser finlandesa.

son dos jóvenes de buenos aires que están dando una vuelta de algunas semanas por europa. federico es extrovertido, impulsivo y divertido. apenas tiene idea de inglés, pero eso no le impide tratar de hablar con todo el que pasa por su lado. se ayuda de gestos, de sonidos y de algunas palabras en inglés y en español para caer bien a todo el mundo. en su oreja izquierda cualega un pendiente con un número: el 10.

-¿es el 10 de maradona? -le pregunto.
-¡diego armando! -responde sonriendo.

kevin es más serio, aunque igualmente me cae bien. él lleva algunas semanas más de viaje, en las que visitó israel. ambos son judíos.

van pasando las horas, y la gente empieza a ir tomando posiciones para dormir. muchos traen sacos y colchones, aunque la gran mayoría estamos allí de primeras, así que no tenemos otra cosa que nuestras mochilas. empieza a refrescar, o eso me parece a mi, así que decido bajar a las zonas comunes a buscar un acople. la gente tiene ocupadas todos los sillones, así que no resulta fácil encontraar un hueco. quizá pequé de inocente yéndome arriba si haber buscado antes un sitio para dormir. no importa, dormiré en el suelo. la sala donde proyectan películas, una especie de cine pero con pantallas individuales, tiene una moqueta muy mullida que, junto con la bolsa de mi ropa sucia (dios, no tengo nada limpio, tengo que lavar con urgencia) haciendo de almohada, se convierten en un lugar ideal para pasar la noche.


sin embargo, apenas duermo. tengo mucho frío, y arroparme con la sudadera no sirve de mucho. estoy sudando y me duelen los músculos. sin duda tengo fiebre. la pájara de ayer no resultó ser un simple instante de falta de energía, creo que tengo algo más grave, probablemente del estómago. me ha estado molestando, sin llegar a doler, y creo que es sólo el principio de una gastroenteritis. finalmente, después de dos meses, y tras un amago en ciudad de méxico, creo que mi estómago se ha rendido a los continuos ataques a los que ha sido sometido. me tomo otras dos pastillas y dejo que las horas vayan pasando, tumbado en el suelo de un cine de un barco que me lleva de grecia a bari, un poco por encima del tacón de la bota italiana.

sábado, 15 de agosto de 2009

atenas

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día 11 de agosto del año 2009 de vuestro señor

el vuelo es insípido, incoloro y prácticamente transparente. del aeropuerto tomo un autobús que me deja en el centro, junto a una estación de metro. es entrando al metro cuando la gran diferencia entre europa y francia. el metro de atenas es tan pulcro que me parece mentira estar allí. un metro a la española, donde la gente cede el paso, pide perdón y da las gracias. hace unas horas estaba dando codazos para intener sobrevivir en la locura de el cairo, y ahora estoy aquí, escuchando a mozar en el hilo musica.

he encontrado muchas más diferencias entre egipto, como que los coches circulan sin tener la necesidad de pitar todo el tiempo, o que la gente use los pasos de peatones. pero hay algo distinto, muy distinto, que no sé lo que es, pero que está ahí. es como cuando ves a alguien cambido, y no sabes si ha sido porque se ha cortado el pelo, porque lleva lentillas en vez de gafas o porque se ha maquillado. tendrá que pasar medio día hasta que por fin descubra esa diferencia desconocida que me estaba dando vueltas en la cabeza: en atenas hay escotes.


llego al hostel (que encuentro sin problema) a las 9 de la mañana. no puedo inscribirme porque tengo que esperar a las 11, que dejan libre mi cama. mientras tanto, me siento en la cocina a buscar informacion sobre los siguientes pasos. después de grecia, toca italia. para regar a roma tengo que tomar un ferry que va desde patras a bari. necesito saber cómo llegar de atenas a patras (de bari a roma ya lo tengo). mi primera idea, por supuesto, es buscar en la página de la bahn. allí me dicen que no hay trenes entre estas dos ciudades. empezamos mal.

paso la mañana buscando la forma de llegar a la puta patras, pero no hay forma. empiezo a preguntarme si voy a tener que buscarme la vida para llegar a patras en autobús o vete tú a saber.

-algo estoy haciendo mal. patras es la tercera ciudad más importante de grecia, así que tiene que estar comunicada con atenas de todas todas. le pregunto al recepcionista del hostel, y me remite a una página en griego. de ahí descargo una hoja excel que trato de descifran sin éxito. paso un buen rato, pero me quiero largar ya a ver la acrópolis.

-oye, ¿la estación de tren está muy lejos?
-está ahi al lado. sólo tienes que seguir por esta calle 50 metros. son dos minutos.

ya lo podía haberlo dicho antes, pero vamos. me acerco allí y le pregunto a la chica de la ventanilla. es un gran ejemplo de belleza griega, de grandes ojos marrón claro y nariz deliciosamente grande. lleva el pelo netro y liso, y la camisa tiene desabrochado un botón más que el resto de chicas.

-hola. necesito ir a matras. tengo un billete de interrail, ¿tengo que hacer reserva?
-¿a que hora quieres ir?
-necesito estar allí a eso de las 16_00h.
-hay que tomar dos trenes. el proastiakos hasta kiato y desde allí tomar un intercity a kiato. tengo uno que sale a las 11.00h de aquí y llega a patras a las 14_30h más o menos. ¿te vale?
-sí, genial.
-te hago la reserva.
-por favor.
-aquí tienes.

cinco minutos han bastado para encontrar la información y para hacer la reserva. mucho mejor que la locura de internet. in encima, lo ha hecho una griega con los ojos más marrones que haya visto jamás. ojalá hubiera tardado más tiempo. una hora. o dos.


ya lo tengo todo controlado, así que puedo largarme a patearme la acrópolis. cometo el error de no comer nada y beber mucho. al cabo de unas horas de subir cuestas empinadísimas y admirar las viejísimas ruinas griegas, mi cuerpo dice "basta". sufro esa pájara que estaba temiendo desde hace tiempo. sabía que iba a terminar ocurriendo, pero aún así me ha pillado por sorpresa. sol, humedad, falta de comida sólida y exceso de líquidos han sido la combinación perfecta para terminar con mis huesos en el suelo, cara blanca, sudor helado. no es la primera vez que me ocurre algo así, por lo tanto sé que no hay que ponerse nervioso. lo mejor es esperar, sencillamente esperar. dentro de unos minutos podré moverme los sufiente como para ser capaz de ponerme en pie y caminar. tengo que lograr bajar a la plaza a comprar fruta en los puestos del mercadillo; el azúcar me ayudará.


necesito casi dos horas para llegar abajo y comprar un kilo de uvas y otro kilo de melocotones. tomo las uvas de tres en tres, como lazarillo de tormes, sin siquiera enjuagarlas (no estoy para remilgos). me siento un rato más para terminar de recuperarme y voy mejorando. a pesar de todo, tomo nota. vuelvo a las ruinas y termino de verlas. he enseñaddo mi carné de estudiante para buscar un descuento y me encontrado con la sorpresa que la entrada es gratis para estudiantes de la unión europea. el caso es quep puedo volver a recinto si quiero, y eso es lo que voy a hacer.


termino lo que pensado, pero nada más. no voy al mercado ni a ningún otro sitio. es cierto que ya no estoy tirando en el suelo, pereo no tengo apenas energía, y el trayecto al hostel es largo. cuando llego a la recepción, pregunto al tipo por un supermercado y me acero a comprar algo de pasta, atún, tomate,corn flakes y lecho. preparo la pasta que como con poca ganar, y tazón de cereales con leche. estoy mejor pero el cuerpo me pide una buena siesta. son casi las 8 de la noche cuando subo a la habitación a descansar un ratito. mi idea es darme un paseo por la ciudad más tarde.

en la habitación está joel, un colombiano al quien conocí esta mañana, así que, después de ducharme, nos ponemos a charlar. a medida que avanza la tarde, van llegando el resto de mochileros que duermen en nuestro mismo dormitorio: rico, un ruso de san petersburgo y una pareja de finlandeses (de cuyos nombres no puedo acordarme). la tertulia se alarga hasta tarde. ninguno sale, asi que poco a poco se van quedando dormidos. cuando todos se han apagado, decido dar el paseo después de todo. es más de media noche, y doy uno de esos paseos que solía dar en centro américa, sin nada en los bolsilloss, sin cámara de fotos, sin dinero. sólos la noche ateniense y yo.

viernes, 14 de agosto de 2009

el cairo

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día 10 de agosto del año 2009 de vuestro señor

a pesar de que duermo en un cómo colchon, a plena oscuridad del día y con un aire acondicionado, no puedo evitar despertarme pronto. la casa está dormida aún, así que no me muevo de la cama. la calle es tranquila y no se oye un ruido, así que me quedo mirando el techo y pensando en lo diferentes que son los sitios que he visitados, sus gentes, sus constumbres, su cultura. ocurre algo curioso, y es que al haber viajado por tierra, despacio, apenas te vas dando cuenta de los cambios que se van produciendo a medida que te mueves al oeste, pero cuando un día te sientas a pensarlo, la gente del sitio donde estás ahora no tiene nada que ver con la gente de donde estuviste hace tan solo una semana. es como el pasatiempo ese en el que, a partir de una palabra tienes que llegar a otra en 5 pasos, cambiando sólo una letra en cada paso.

1. rusos
2. los rusos son parecidos a los ucranianos.
3. los ucranianos son parecidos a los rumanos.
4. los rumanos son parecidos a los bulgaros.
5. los bulgaros son parecidos a los turcos.
6. los turcos son parecidos a los sirios.
7. lo rusos no tienen nada que ver con los sirios.

después de dos horas, oigo como la casa empieza a desperezarse, se oyen sonidos de vasos y platos en la cocina. es joseph, que prepara zaatar, una especie de salsa compuesta por varias especias.

-es una mezcla libanesa. se pone sobre un trozo de pan y es deliciosa -me explica.

mientras termina de prepararla, me doy una ducha y cuando me visto todo el mundo está listo para desayunar. como la cena de anoche, el desayuno ocupa toda la mesa. cereales, mermeladas, zumos, leche, café brasileño, pan libanés, frutas israelitas y filipinas, chocolates suizos... mientras charlamos de cómo voy a enfocar el día, desayuno por tres.


mis planes son muy sencillos: visitar las pirámides de giza, luego el museo egipcio y finalmente, ver atardecer navegando en barca por el nilo. suena realmente bien. philip me anota toda la información necesaria en una hoja de papel: paradas de metro, direcciones, precios de taxis, números de teléfono y otros consejos. desde luego, se está tomando muchas molestias conmigo, y no sé cómo voy a agradecérselo. incluso quiere prestarme un móvil por si necesito llamarle. no lo acepto, ya es demasiado.

con todo atado, agarro mi mochila y me dispongo a salir de la casa, pero philipe insiste en llevarme a la estación de metro. está a sólo 15 minutos caminando, pero aun así me lleva. incluso hace el recorrido dos veces para que memorice el camino.

-ten cuidado, que volverás de noche y las calles pueden parecer diferentes. presta atención -me aconseja.
-grabaré el recorrido en video por si las moscas.


en pocos minutos ya estoy en el metro de el cairo, probablemente el más viejo y demencial que haya visitado nunca. todos los defectos de los metros en los que estados, está presentes aquí multiplicados por 10. los vagones son auténticas reliquias del siglo pasado, con persianas de madera llenas de mugre, asientos desgastados y ventiladores en el techo que se afanan por refrescar en ambiente pesado. los vagones están colmados de gente, la inmensa mayoría hombres (existe un vagón especial que es exclusivo para mujeres, aunque estas pueden subir donde quieran) que se apretujan para permitir que se cierren las puertas. yo pensaba que ya estaba acostumbrado a la saturación de los metros y la falta de espacio y oxígeno, pero el metro de el cairo da un pasito más.

trans un trasbordo, llegó a la parada de giza, que es la que me ha señalado philipe en el mapa. a partir de ahí debo continuar en taxi. las calles de los alrededores de la estación, sin asfaltar, están llenas de gente que se mueve en todas direcciones. puestos de comida cuya falta de higiene hacen que, en comparación, centroamérica sea un restaurante de cinco tenedores, y tiendas de todo tipo de artículos inútiles.


conseguir parar un taxi me cuesta la vida. la carretera que pasa junto a la estación es la que lleva a las afueras de la ciudad, y está totalmente colapsada de vehículos que se disponen de forma completamente anárquica. la circulación en el cairo merecería una tesis completas, y aún así sería muy complicado poder explicar cómo funciona esta gente. no respentan la mayoría de las normas básicas (lo semáforos ¡y los guardias de tráfico! son sistemáticamente ignorados), no dejan de tocar el claxon ¡todo el tiempo y por cualquier motivo! (al principio es impactante pero al cabo de unas horas ya ni siquiera los oyes), no tienen pasos de peatones (cruzar una calles es jugarte la vida, aunque es divertidísimo) y sin embargo salen adelante sin apetas incidentes serios.

desesperado con mi búsqueda de taxies, lo intento incluso con los que están ocupados (costrumbre árabe), pero ni aún así. pasa más de media hora hasta que logro encontrar uno, y me dispongo a pelear por el precio (he preguntado en el metro y me han dicho que no pague más de 25 libras egipcias).

-¿cuánto a las pirámides de giza? -pregunto a voces.

el tipo no tiene ni idea de inglés. es un egipcio joven, horriblemente feo, de dientes deformados y sonrisa desagradable, aunque es simpático. le enseño mi mapa y le señalo las pirámides.

-¿giza? -pregunta.
-sí. ¿cuánto? le enseño un billete de cinco a modo de ejemplo.

gesticula diciendo que es poco, que quiere más, así que añado un par de libras más, hasta que queda satisfecho. vaya, sólo va a costarme 7 libras, y además me ha regalado su mirinda. el trayecto es largo, y con tanto tráfico nos lleva casi media hora. cuando ya estamos cerca (nos hemos salido de la carretera principal y andamos por calles con apenas tráfico rodado), un tipo para el taxi poniéndose en mitad de la carretera y agitando los brazos. se me ponen los huevos de corbata, porque el barrio donde estamos no es precisamente el barrio de salamanca. el taxi se detiene (no tiene otra opción), e inmediatamente se suben dos tipos en la parte de atrás (yo voy delante). son dos gorilas de piel negra.



uno de ellos me pide disculpas en inglés (me conformo con que no me robes el disco duro, no necesito las disculpas), e iniciamos una conversación. trato de aparentar normalidad, aunque estoy realmente asustado. el otro tipo no habla, sólo me mira, y el taxista continúa su marcha. me hace las típicas preguntas que se hacen al turista y poco a poco la conversación va derivando hacia las excursiones en caballo y camello por la arena del desierto. enseguida le calo: no es un ladrón (por suerte), es un listo, un comercial que quiere que le contrate un camello para moverme por las pirámides.

aliviado, le respondo que no, que no tengo un duro y que no soy un turista, sino un periodista que está trabajando y bla bla bla. el tipo coge un buen rebote, porque mientras pensaba que iba a robarme me seguí el juego y llegó a pensar que me tenía convencido. le dice al taxista algo en árabe, y este detiene el vehículo.

-bájate -me dice-. está realmente enfadado.
-no me voy a bajar hasta que lleguemos a las pirámides.
-están ahí al lado. bájate y págale.
-ya le he pagado.

se encarga de comprobarlo preguntando al taxista.

-7 libras es demasiado poco. págale más.
-le he pagado lo que me ha pedido.

mis respuestas no hacen más que enfadarle más. protesta a gritos y finalmente le dice algo al taxista, que reemprende la marcha. dos minutos más tarde estoy en la puerta del recinto de las pirámides de gizá, una de las 7 maravillas del mundo antiguo.


en el recinto paso un par de horas dando vueltas. la esfinge, las tres grandes pirámides, las pequeñas, la arena del desierto, el calor, ya se sabe. cuando decido que ya tengo suficiente, vuelvo a la entrada. quiero ir al museo nacional egipcio, y tengo entendido que cierra a las 6 de la tarde. son más de las dos, y no sé cuánto me llevará llegar, así que emprendo la vuelta. en la puerta del recinto hay taxies de sobra, pero algo ha cambiado: todos piden 25 libras para volver a la parada de metro. trato de regatear utilizando el viaje de ida, de solo 7 pesos, pero es inútil, nadie baja de 20, se apoyan unos a otros. en realidad, son menos de 3 euros, pero el juego de regatear engancha, y estoy dispuesto a andar unas calles hasta encontrar un sitio donde pasen más taxies. al fin logro parar uno, y regateo hasta 15. aunque sea más del doble de lo que pagué en la ida, es imposible bajar de ahí. cuando ya estamos en marcha, le digo al tipo que eso de que pagué 7 libras en el viaje de ida es verdad, no una estrategia de regateo. el tipo me abre los ojos.

-¿se subió alguien al taxi cuando estabas llegando a las pirámides?
-sí, un par de tipos.
-ahí lo tienes. es un negocio. te cobra menos, pero sube a los dos tipos que te hablan de alquilar un camello o un caballo. facilitamos que el turista llegue a las pirámides, pero el regreso es diferente.

ahora lo entiendo todo. les interesa que vayamos a las pirámides, pero les da igual donde vayamos después. tiene sentido. el resto de trayecto, el taxista no deja de rajar de mubarak. que si les mata a impuestos, que si egipto debería ser una potencia mundial, que si esto que si aquello. para cuando llegamos a la parada del metro,) tengo la cabeza como un bombo. decido pagarle 20 pavos.

-muchas gracias.

cinco minutos de claustrofóbico metro y estoy en la parada correspondiente al museo. el problema es que he perdido el tiquet del metro. no entiendo cómo ha sido, porque guardo con celo todos los tiquets y papeles (aún tengo algunos de paises que abandoné9, pero el caso es que ha ocurrido. para salir del metro, necesitas el tiquet. hablo con el tipo.

-hola. he perdido el tiquet.
-sin el tiquet no puede salir, señor.
-lo sé, lo siento, no sé como ha ocurrido. no me importa comprar otro.
-eso no es posible señor. tendrá que darme 100 libras o bien llamar a la policía.
-¿cómo dice?
-tiene dos opciones: pagarme 100 libras o llamaré a la policía.

no tengo claro si lo que está haciendo es chantaje o extorsión, pero tengo claro que no me gusta. el cairo es una ciudad extremadamente segura para el turista. hay policías en todas las esquinas, asi que los pequeños chorizos se lo piensan antes de hacer algo al extranjero. en cierta manera, se podría decir que están del lado del turista, protegiendo un importantes aspecto de su economía. trato de aprovecharme de esto.

-podemos hacer las dos cosas. primero te pago y luego vamos a la policía.

mi respuesta no la esperaba. se queda callado buscando qué decir. al cabo de unos segundos, hace una señal con ru cabeza, y un compañero viene con un tiquet maestro que utiliza para abrir el torno.

-shakran.

cruzo un par de calles y me encuentro en las puertas del museo de arte egipcio. vaya usted a saber por qué, pero por primera vez en el viaje decido usar el carné de estudiante para sacar la entrada, aunque no tengo mucha fe. cuela, y sólo tengo que pagar la mitad. no es que haya entrado en muchos sitios que tuvieran descuentos para estudiantes, pero algunas perras podría haberme ahorrado, que para eso me llevé el carné. el museo bien, gracias. un tanto desordenado y pequeño para tantísimo material como tienen allí, pero bien. la momia de ramses ii, la máscara de tutankamon, y hasta gatos disecados. realmente interesante, pero muy cansado. me quedo hasta que me echan, así que deben de ser las 18.30h.


lo último que falta para cumplir el plan es dar un paseo por el nilo en barca. me gustaria pasear por la ciudad, pero es imposible. es demasiado caótica para hacerlo. cruzar una calle es una odisea. además, es demasiado ruidosa, mejor me voy al nilo. hay dos tipos de barcas que dan paseos por el nilo: los tranquilos y los ambientados. yo hubiera preferido uno tranquilo, pero fue después de volver del paseo cuando descubrí que existían. los primeros, los tranquilos, se hacen en veleros tomando te y escuchando música chillout egipcia. los segundos son barcos a motor llenos de luces de colores con música pastillera-egipcia y tipas bailando. en uno de estos me metí, sin saber muy bien lo que hacía.

me sientan junto a una pandilla de adolescentes egipcias, muy vestidas pero realmenta atractivas.

-ten cuidado con las menores, pedro.

se dirigen a mi en árabe, intentando hablar. no sé bien como (ellas no saben inglés y yo no tengo ni idea de árabe), logramos comuniccarnos, al menos para las cuatro chorradas que se dicen en estos casos. el tipo de barco está esperando a llenarlo para salir, y mientras tanto, ahí estoy yo de palique. poco a poco va entrando gente, aunque para mi sorpresa, no se trata de turistas, sino de chavales egipcios, impecablemente vestidos y sonrientes. al cabo de unos minutos, coincidiendo con la puesta de sol, salimos.


a milado se ha sentado un tipo con pinta de turista egipcio. no es un chaval, debe de tener mi edad. su ipod y su cámara de fotos me dicen que es turista, y su cara me dice que es árabe.

-de dónde eres -me pregunta.
-de españa.
-yo soy de origen iraquí -me dice-. aunque con pasaporte inglés. vivo en londres -se apresura a añadir.
-encantado.
-ten cuidado con las niñas. no están ahí por casualidad, están trabajando.
-no jodas. ¿putas egipcias?
-no son putas, al menos no en el sentido occidental. son una especie de relaciones públicas que tratan de engatusarte para que las invites o las saques a bailar. si lo haces, el dueño querrá cobrarte.
-putas, vamos.
-algo aśi. el problema es que tú no puedes saber cuándo has cruzado la línea tras la cual tienes que pagar. basta con que hables con ellas para que el tipo del barco te diga que tienes que darle dinero.
-joder.

derun es kurdo, y en el rato que dura el trayecto me cuenta un poco de qué va esto del barco. mientras lo hace, las tipas han salido a bailar. lo hacen por turnos, al ritmo de música discotequera egipcia. viéndolas moverse, según la manera tradicional pero con el punto de pimienta que solo una joven de 19 años,, uno piensa que el baile es la válvula de escape de la mujer árabe para soportar la tremenda represión a la que encuentras sometidas. bailando liberan todo lo que tienen dentro, sensualidad comprimida que estalla a golpe de cadera y miradas.

-ves a estos muchachos. están aquí porque es una de las pocas oportunidades que tienen de ver a una chica atractiva bailando. nosotros no podemos entender esta forma de pensar. para nosotros es normal ver chicas desnudas o semidesnudas en anuncios, revistas, televisión o internet. para ellos es mucho más difícil. tienen que venir aquí a ver a las chicas bailando. lo peor es que no pueden hacer nada más, porque tienen prohibido hablar con ellas. si el dueño les ve hablando, puede echarles. las chicas bailan para todos, pero sólo hablarán con nosotros, los turistas.

escuchar a derun hace que cambie mi manera de ver a los chavales y al propio barco, me hace reflexionar sobre las enormes diferencias entre egipto y cualquier país europeo. es curioso que esté a menos de dos horas de grecia, y sin embargo sea otro mundo.


cuando termina el paseo, decido que es hora de volver. ya hace un rato que es de noche, y todavía me queda un buen trayecto para llegar a casa de philipe. tomo el metro, más lleno que nunca, probablemente por la hora, al punto que llego a temer por mi vida.

-de esta no salgo. moriré asfixiado sin haber logrado dar la vuelta al mundo.

por suerte, me equivoco, y llego sano y salvo al destino. a partir de ahi, 25 minutos de paseo nocturno, showarma en mano (no he comido nada desde el desayuno) al ritmo de claxon.

cuando estoy llegando a la zona residencial donde está la casa, alguien me toca el hombro. me doy la vuelta, y por la forma en la que se dirige a mi, deduzco que me ha llamado un par de veces pero no le he respondido: limp bizkit suena alto en mi mp3.

-lo siento, no le he oído -le explico con señas.

el tipo debe de ser policía, porque lleva una pistola en la cintura. viste con traje, aunque no lleva la chaqueta puesta, hace demasiado calor. sólo sabe hablar árabe, así que trata de comunicarse con gestos.

-¿adónde se dirige? -me pregunta encogiendo sus hombros.
-voy a casa de unos amigos -le respondo en inglés mientras busco el papel que me dio philip con su dirección.

la conversación dura unos minutos, y al final se convence de que no soy peligroso. lo cierto es que parezco árabe, cada vez más. al llegar a casa le contaré la anéctoda a philip y me dirá que son agentes de seguridad del presidente.

-no saber hablar árabe te ha salvado. así han sabido que eras un turista.

cuando llego, tienen la cena preparada. vuelve a ser una cena copiosa. desconozco si estos tipos siempre cenan igual o lo hacen así porque tienen invitados, pero en cualquier caso, agradezco muchísimo el trato. alargamos la sobremesa más de dos horas (mi vuelo sale a las 4 de la mañana, así que tengo tiempo, y ellos, a excepción de cristian, no trabajan al día siguiente).


-os agradezo mucho vuestro trato, en serio. todo lo que diga es poco. la única forma que se me ocurre de agradecéroslo en haciendo lo mismo por vosotros, así que estáis invitados a mi casa cuando queráis.
-para nosotros, conocerte también ha sido una experiencia muy interesante. no te preocupes.
-bueno, creo que voy a ir pidiendo un taxi.
-no hace falta, yo te llevo. el aeropuerto está aquí al lado. son 10 minutos.
-no sé qué decir.

en un abrir y cerrar de ojos estoy dando cabezadas en el moderno avión que me llevará de vuelta a la vieja europa.

jueves, 13 de agosto de 2009

camino de egipto

10 comentarios

día 9 de agosto del año 2009 de vuestro señor

a las 5 estoy en pie, tomando una ducha. tengo el petate listo, y la máquina de café preparándome un chute de cafeína. me lo tomo con la calma del que tiene todo el tiempo del mundo. mientras lo hago, llegan al hostel dos españoles con enormes mochilas. no tengo ganas de hablar, así que me hago el sueco y me limito a observar como el dueño del infecto garito le enseña su cama y les da las sábanas que yo he dejado en el cesto de la ropa sucia unos minutos antes.

-menudo cabrón sin escrúpulos.

el café está rico, y me anima a empezar mi paseo a la estación. 45 minutos, los cronometré ayer, asi que llego con media hora a la estación. control policial doble, y al bus. es pequeño e incómodo. está lleno de chavales de instituto y tipas de grandes gafas de sol, caras alargadas y caderas bajísimas. es una excursión, una especie de viaje de estudios a eilat. el asiento que me ha tocado es el peor del autobus: en que está justo enmedio de la última fila. como he subido pronto, me pillo la ventanilla y me hago el dormido, ya se sabe. lo que en principio era un truco para quedarme con una ventanilla, se convierte en una larga cabezada.


al despertar, el mar aparece a mi izquierda. es azul y enorme, sigue estando precioso, pero ¿qué hace ahi? si estams viajando hacia el oeste, el mediterráneo debería estar a la derecha, en todo caso. pregunto a uno de los chavales.

-¿qué és eso?
-el mar muerto.
-¡el mar muerto!

estamos viajando al sur, bordeando la frontera con jordania. WTF! ni siquiera sé dónde está eilat, y no puedo consultarlo porque alguien me ha robado mi atlas de bolsillo. fijo que ha sido el capullo del dueño del hostel. sea como sea, me pongo a pensar y las cinco horas me parecen demasiadas. no hay tantos kilómetros hasta la frontera, a no ser que vayamos al paso fronterizo del mar rojo. necesito poner en orden mis ideas, porque me invade la sensación de haberla cagado otra vez. estoy siguiendo los pasos que un tipo puso en un foro de internet, y ni siquiera me he preocupado en comprobar si tienen sentido. tendré que revisarlo ahora, aunque después de casi dos horas de viaje, ya es un poco tarde.

sólo necesito desperazarme un poco para que se me encienda la bombilla. recuero que alguien me contó que el paso fronterizo entre israel y egipto por el norte pasa por la franja de gaza. eso quiere decir que efectivamente estamos viajando al sur, al mar rojo, junto al paso fronterizo entre jordania y egipto. estoy haciendo la ruta que, hace unos meses, estuve mirando con teresa en google maps. la confirmación es que, después de dejar el mar muerto, todo es desierto.

el viaje transcurre sin incidentes, y llegamos a eilat unos minutos antes de las 12, a la hora prevista. se trata de una ciudad muy turística, una benidorm montada de forma artificial en mitad del desierto (como acertadamente definió paco a aqaba, la ciudad hermana de la parte de jordania. estamos junto en el punta del golfo de aquaba. el mar rojo siempre me ha parecido una mano haciendo la V de victoria; nosotros estaríamos en la yema del dedo de la derecha. en ese punto, confluyen las fronteras de jordania, israel y egipto. el golfo es precioso, e incluso puede verse arabia saudí en los días claros (como me contará un taxista posteriormente).


la estación de autobuses está llena de chavales. van a pasarlo bien en esta ciudad llena de resorts, discotecas, playas y centros comerciales. yo, por mi parte, tengo que tomar el bus de las 12 al puesto fronterizo de taba. hace ya unos minutos que espero en el andén correspondiente (la chica de información habla inglés) y estoy axfixiado de calor.

-te cagas, estoy en el mar rojo.

el autobús llega, y mientras la gente sube, pregunto a una mochilera.

-¿vas a egipto?
-sí
-¿tienes visado?
-no, para la península del sinaí no lo necesitas.
-yo voy a el cairo. ¿sabes si lo necesito?


el tipo de la embajada egipcia en jordania me dijo que no, pero no me fío. paco y laura dicen que no. philip seymour hoffman me dijo que no.

-sí, para el cairo sí lo necesitas.
-no sé qué hacer.

un tipo en la cosa se une a la conversación.

-no lo necesitas, puedes sacarlo en la frontera.

vale, son todos de mucha ayuda, pero está claro que algunos hablan sin tener ni puta idea. trato de recordar si, cuando pregunté en la embajada, puntualicé que me dirigía a el cairo, pero no logro sacar nada claro. lo que sí parece evidente es que para el territorio del sur no hace falta. eso es lo que ha podido llevar a confusión a la mitad de la gente a la que he preguntado. entre dudas,

llega mi turno de subir al autobús. pongo el primer pie en la escalera (el izquierdo, siempre pongo el izquierdo. ¿significa algo, dóctoor? y me paro. me tomo una fracción de segundo de reflexión y decido.

-paso de subirte a este autobús.

me doy la vuelta y busco un sitio tranquilo para tomarme dos minutos. autobuses a taba hay cada dos horas hasta las 16.00h, y son sólo las 12.00h. me quedo a investigar un poco. en eilat hay embajada de egipto, lo sé porque tyler lo sabe, así que lo mejor será que llame para asegurarme. lo intengo con skype, pero me fallaa. busco un teléfono público, pero son todos de tarjeta. busco un sitio donde comprar tarjetas, y encuentro un cyber.

-¿puedo hacer una llamada?
-claro.

tengo el número anotado en mi libreta (las notas del día antes) así que consigo hablar con ellos.

-sí, necesitas el visado para ir a el cairo.
-(lo sabía). ¿puedo sacarlo hoy mismo?
-si te das prisa, sí. trae una foto y pasta.
-estaré allí en un minuto.

salgo pitando (y echando fuego, la tipa me ha cobrado 10 shekels, unos dos euros, por 5 minutos de llamada local) a buscar un taxi. no tengo claro si tengo que regatear, porque estoy parece una ciudad con cierto nivel, así que decido preguntar un par de veces. el primer tipo me pide 45 shekels.

-la embajada está muy lejos.

el segundo me pide 20 shekels. el tercero, con quien definitivamente regateo, me lo deja en 15 shekels.

-la embajada está ahi al lado, llegamos en un segundo.

un segundo después, estoy en la embajada. es una zona residencial donde no se oye un ruido. 5 egipcios, sentados detrás de una reja, esperan que algo pase. fuman. cuando llego, se miran entre ellos para decidir a quién le toca levantarse, tarea del todo indeseable. le toca a un tipo gordo y negro como el tizón.

-me gustaría obtener un visado para ir a el cairo. he llamado antes, y me han dicho que se podría hacer hoy mismo.
-son 100 sheckels (20 euros).
-no problemo.

los cuatro tipos que fuman siguen mirando mientras el tipo gordo me da un formulario que tengo que rellenar. se mueve muy despacio. incluso el humo de los cuatro cigarros de los tipos de detrás de la reja se mueve de forma demasiado lenta. descubro que estoy en una realidad paralela, donde el tiempo avanza despacio, y me relajo. de fondo, suena la música de algún hotel: king áfrica y las ketchup.

tres horas después, según la medida de la realidad de la embajada (10 minutos en la tierra), tengo mi visado. ya puedo entrar a egipto. salgo pitando con la intención de llegar a la estación de autobuses antes de las 13.00h, pero por esa zona no pasa un alma, así que necesito un buen rato para encontrar uno. acuerdo 15 pavos.

-por favor, dese prisa. necesito tomar un autobús.
-no hay problema. ¿a dónde vas?
-a taba, tengo que cruzar la frontera.
-¿a taba? está ahí al lado. te llevo yo por 30, así te ahorras ir a la estación y el lío del autobús.
-descarao. tírale -le digo después de hacer unas sencillas cuentas.

el taxista me cae bien. no ha intentado engañarme con el precio, y me hace de anfitrión en la ciudad. la carretara a taba va pegada al mar, y me explica que lo que hay enfrente es jordania.

-¿ves la bandera?. a ese lado está egipto y al fondo arabia saudí.

el sitio es realmente genial. mataría por darme un baño en ese mar tan azul.

-mataría por darme un baño.
-¿y por qué no se lo da?

gran pregunta para la que no tengo respuesta, asi que callo. entretando, hemos llegado al puesto fronterizo, situado en pleno paseo marítino. a 10 metros, una bonita playa.

-tienes usted razón. me voy a dar un baño.
-claro que sí, esta zona es muy bonita. dese un baño.
-del tirón.

no tengo ni idea de la hora a la que sale el autobús de la frontera a el cairo, pero es la una y pico, hace un calor del demonio, y tengo una playa preciosa a 10 metros. lo dicho, del tirón. bajo una escalera de piedra con las mochilas a cuesta y me acerco al agua. el sitio está casi desierto, así que puedo cambiarme tranquilamente (en oriente medio paso de bañarme en bolas) y saltar al agua tibia y transparente. los peces de colores nadan entre ms piernas, erizándome los pelos al rozarme, y el agua está tan buena que me quedaría el día. una vez más, maldigo el viajar con tan poco tiempo, y por tanto con tan poco margen de maniobra (si hubiese revisado mis notas, sabría que el autobús a el cairo salía a las 16.30h, con lo que podria haberme quedado un par de horas más nadando y chapoteando como un niño.


los trámites del cruce de la fronera son lentos, calurosos, aburridos y caros, pero con tiempo y una cartera, lo consigo. al loro:

¡acabo de pisar mi quinto continente! ¡give me five valérie!

el recibimiento de tan importante hecho, no es precisamente el que tuvo el barcelona de guardiola. a mi me esperan media docena de moros de dientes amarillos tratando de llevarme al huerto para ir a el cairo en una furgoneta por 100 libras, cuando el autobús cuesta 65. por algún extraño motivo (quizá el destino o mi buena estrella), después de lo currado que estoy en estas cosas, me dejo convencer por el colega. le pagaré 65 libras (el regateo fue fácil, aunque a cambio de la rebaja me dice que no le diga a nadie que le he cobrado eso, que si no, no podrá engañar a nadie) y me llevará directamente a el cairo en su furgoneta, pero antes debo esperar a que haya más gente. le digo que esperaré media hora, y si no me iré. acepta a regañadientes (no le queda otra), y me busco una sombra. hace un calor exagerado, y la gente entra en el país con cuenta gotas. la mayoría pasa de los moros, que es lo que debería haber hecho yo. en ese momento, no tenía presente que el viaje a el cairo es de casi 6 horas a través del desierto del sinaí. y yo esperando para meterme en la furgoneta de mohamed...


me harto cuando veo a un hombre, de unos 50, que carga con una maleta. tiene buen aspecto, así que me acerco.

-¿va usted a el cairo?
-si
-yo también. cuidado con lo que le cobran estos tipos.
-gracias, pero no te preocupes, yo me voy en autobús. no me fío.
-¿va a la estación?
-sí, está sólo a unos 15 minutos caminando.
-creo que me voy usted. ¿le importa?
-claro que no, encantado.

me despido de mis excompañeros de viaje con la mano, y paso de escucharles más. lo cierto es que aún hoy sigo sin saber qué me pasó exactamente. para cuando llegamos a la estación, ya nos hemos contado las líneas principales de nuestro viaje. el tipo se llama philip, y es suizo. me recuerda a "el vega", terrible profesor de álgebra de la facultad de informática, famoso por su altísimo índice de suspensos (se dice que en cierta ocasión su foto salió en una revista, en el tercer lugar del podio de profesores con mayor índice de suspensos). vive en el cairo desde hace 8 años, y vuelve después de unos días fuera. nos quedan dos pringosas horas de espera, aplastados en los sillones, bajo un calor asfixiante, que tratamos de pasar bebiendo mucho y haciendo un picnic con la media docena de tuppers que trae philips en su mochila. de fondo, saetas egipcias nos recuerdan que ya estamos en áfrica.

mientras comemos, llega cristian, un amigo de philip. comparten casa en el cairo, y si llega ahora es porque tuvo problemas con el visado y se ha retrasado un par de horas. los tres pasamos charlando el resto del tiempo hasta que sale el autobús, con casi una hora de retraso. philip ya ha hecho el viaje en otras ocasiones, y me explica que el primer tramo de desierto es el peor. por suerte vamos a hacerlo de día, porque de noche es muy peligroso, y se producen multitud de accidentes al cabo del año. el autobús entra directo al top five de sitios inmundos en los que he estado, con su (familiar) hedor a meados. al menos tiene aire acondicionado.


el viaje transcurre entre baches, carreteras de tierra y continuos vaivenes que casi acaban con mi cuello (días después aún me dolería). en determinados tramos, la oscuridad es total. estamos en mitad del desierto, y no hay ni una sólo luz en 100 kilómetros a la redonda, a excepción del candil que tiene el autobús como iluminación. da miedo. para terminar de dar el toque de surrealismo, nos ponen películas árabes a un volumen exagerado. es imposible dormir entre los baches, el olor y el ruido, así que resignación.

un par de paradas, un control antidroga y después de pasar bajo el canal de suez, llegamos a el cairo. lo que se suponía que debía ser una estación de autobuses no es más que una marquesina en una carretera de las afueras. allí nos bajamos casi todos. son más de las 11 de la noche y yo me estremezco de pensar en lo que tengo por delante: buscar la manera de llegar al centro y ponerme a buscar hotel, llamando puerta a puerta. cuando hice el plan, no podía imaginarme que el viaje de jerusalén a el cairo pudiera llevarme todo el día, pero el hecho es que es casi medianoche y estoy bloqueado, nada que ver con mi llegada a jordania. al verme tan perdido, philip y cristian son tan amables de invitarme a pasar la noche en su casa.

-¡eso sería genial!
-no es problema, estamos encantados. deja que haga una llamada.

media hora después, vienen a recogernos. es un muchacho egipcio, bajito y simpático, que nos ayuda con las maletas y nos lleva directo a la casa. es un viejo chalé de esquina de una exclusiva zona residencial (sin ir más lejos, como vecinos tenemos a hosni mubarak, el presidente de egipio). el jardín es muy bonito, y cuando entramos a la casa me encuentro con una casa decorada con estilo rústico, muy acojedora. en uno de los despachos, ya han preparado una cama para mi. tienen la habitación con las puertas cerradas y el aire acondicionado fresco para que mantenga la temperatura. no doy crédito a lo que me está pasando, no se puede tener tanta suerte.

además de philip, cristian y el egipcio que nos recogió, en la casa vive una cuarta persona. es joseph, un libanés, de cierta edad, que se ha encargado de preparar la cena para los cinco: pasta, tortilla de calabacines, zumos, frutas, ensaladas, queso y todo tipo de cosas esperan sobre una enorme mesa.

-cenemos. debes de estar hambriento -me dice philip.
-estoy que me caigo -respondo.

estamos más de dos horas cenando y charlando. me doy una ducha, y me voy a la cama.

-no tendréis internet por casualidad ¿verdad? me gustaría llamar a casa.
-sí, tenemos una wifi. apunta la contraseña.

me tiro en el colchón, tan cansado que apenas que me entiende mientras hablo con españa. cuando cuelgo, me quedo un rato mirando al techo y pensando en lo afortunado que estoy siendo durante todo el viaje, y en lo complicado que puede llegar a resultar esta aventura si no das con la gente adecuada. creo que ha sido el único momento en que he sido realmente consciente de las implicaciones que tiene dar la vuelta al mundo sin apenas haber preparado el viaje. por suerte, estoy tan agotado que me rindo al sueño y desconecto el cerebro. no es bueno pensar ese tipo de cosas a estas alturas. no quiero ni una duda.

en los dos últimos días puede resumirse la esencia de mi viaje: buscarme la vida de una forma casi extrema, conocer a la gente adecuada, vivir experiencias que de otra manera jamás viviría, y gozar de la satisfacción de encontrar un sitio donde pasar la noche después de una larga jornada de viaje. también sirve como ejemplo de la suerte de estoy teniendo.

-dios, ¿cómo se puede tener tanta potra?