jueves, 13 de agosto de 2009

camino de egipto

día 9 de agosto del año 2009 de vuestro señor

a las 5 estoy en pie, tomando una ducha. tengo el petate listo, y la máquina de café preparándome un chute de cafeína. me lo tomo con la calma del que tiene todo el tiempo del mundo. mientras lo hago, llegan al hostel dos españoles con enormes mochilas. no tengo ganas de hablar, así que me hago el sueco y me limito a observar como el dueño del infecto garito le enseña su cama y les da las sábanas que yo he dejado en el cesto de la ropa sucia unos minutos antes.

-menudo cabrón sin escrúpulos.

el café está rico, y me anima a empezar mi paseo a la estación. 45 minutos, los cronometré ayer, asi que llego con media hora a la estación. control policial doble, y al bus. es pequeño e incómodo. está lleno de chavales de instituto y tipas de grandes gafas de sol, caras alargadas y caderas bajísimas. es una excursión, una especie de viaje de estudios a eilat. el asiento que me ha tocado es el peor del autobus: en que está justo enmedio de la última fila. como he subido pronto, me pillo la ventanilla y me hago el dormido, ya se sabe. lo que en principio era un truco para quedarme con una ventanilla, se convierte en una larga cabezada.


al despertar, el mar aparece a mi izquierda. es azul y enorme, sigue estando precioso, pero ¿qué hace ahi? si estams viajando hacia el oeste, el mediterráneo debería estar a la derecha, en todo caso. pregunto a uno de los chavales.

-¿qué és eso?
-el mar muerto.
-¡el mar muerto!

estamos viajando al sur, bordeando la frontera con jordania. WTF! ni siquiera sé dónde está eilat, y no puedo consultarlo porque alguien me ha robado mi atlas de bolsillo. fijo que ha sido el capullo del dueño del hostel. sea como sea, me pongo a pensar y las cinco horas me parecen demasiadas. no hay tantos kilómetros hasta la frontera, a no ser que vayamos al paso fronterizo del mar rojo. necesito poner en orden mis ideas, porque me invade la sensación de haberla cagado otra vez. estoy siguiendo los pasos que un tipo puso en un foro de internet, y ni siquiera me he preocupado en comprobar si tienen sentido. tendré que revisarlo ahora, aunque después de casi dos horas de viaje, ya es un poco tarde.

sólo necesito desperazarme un poco para que se me encienda la bombilla. recuero que alguien me contó que el paso fronterizo entre israel y egipto por el norte pasa por la franja de gaza. eso quiere decir que efectivamente estamos viajando al sur, al mar rojo, junto al paso fronterizo entre jordania y egipto. estoy haciendo la ruta que, hace unos meses, estuve mirando con teresa en google maps. la confirmación es que, después de dejar el mar muerto, todo es desierto.

el viaje transcurre sin incidentes, y llegamos a eilat unos minutos antes de las 12, a la hora prevista. se trata de una ciudad muy turística, una benidorm montada de forma artificial en mitad del desierto (como acertadamente definió paco a aqaba, la ciudad hermana de la parte de jordania. estamos junto en el punta del golfo de aquaba. el mar rojo siempre me ha parecido una mano haciendo la V de victoria; nosotros estaríamos en la yema del dedo de la derecha. en ese punto, confluyen las fronteras de jordania, israel y egipto. el golfo es precioso, e incluso puede verse arabia saudí en los días claros (como me contará un taxista posteriormente).


la estación de autobuses está llena de chavales. van a pasarlo bien en esta ciudad llena de resorts, discotecas, playas y centros comerciales. yo, por mi parte, tengo que tomar el bus de las 12 al puesto fronterizo de taba. hace ya unos minutos que espero en el andén correspondiente (la chica de información habla inglés) y estoy axfixiado de calor.

-te cagas, estoy en el mar rojo.

el autobús llega, y mientras la gente sube, pregunto a una mochilera.

-¿vas a egipto?
-sí
-¿tienes visado?
-no, para la península del sinaí no lo necesitas.
-yo voy a el cairo. ¿sabes si lo necesito?


el tipo de la embajada egipcia en jordania me dijo que no, pero no me fío. paco y laura dicen que no. philip seymour hoffman me dijo que no.

-sí, para el cairo sí lo necesitas.
-no sé qué hacer.

un tipo en la cosa se une a la conversación.

-no lo necesitas, puedes sacarlo en la frontera.

vale, son todos de mucha ayuda, pero está claro que algunos hablan sin tener ni puta idea. trato de recordar si, cuando pregunté en la embajada, puntualicé que me dirigía a el cairo, pero no logro sacar nada claro. lo que sí parece evidente es que para el territorio del sur no hace falta. eso es lo que ha podido llevar a confusión a la mitad de la gente a la que he preguntado. entre dudas,

llega mi turno de subir al autobús. pongo el primer pie en la escalera (el izquierdo, siempre pongo el izquierdo. ¿significa algo, dóctoor? y me paro. me tomo una fracción de segundo de reflexión y decido.

-paso de subirte a este autobús.

me doy la vuelta y busco un sitio tranquilo para tomarme dos minutos. autobuses a taba hay cada dos horas hasta las 16.00h, y son sólo las 12.00h. me quedo a investigar un poco. en eilat hay embajada de egipto, lo sé porque tyler lo sabe, así que lo mejor será que llame para asegurarme. lo intengo con skype, pero me fallaa. busco un teléfono público, pero son todos de tarjeta. busco un sitio donde comprar tarjetas, y encuentro un cyber.

-¿puedo hacer una llamada?
-claro.

tengo el número anotado en mi libreta (las notas del día antes) así que consigo hablar con ellos.

-sí, necesitas el visado para ir a el cairo.
-(lo sabía). ¿puedo sacarlo hoy mismo?
-si te das prisa, sí. trae una foto y pasta.
-estaré allí en un minuto.

salgo pitando (y echando fuego, la tipa me ha cobrado 10 shekels, unos dos euros, por 5 minutos de llamada local) a buscar un taxi. no tengo claro si tengo que regatear, porque estoy parece una ciudad con cierto nivel, así que decido preguntar un par de veces. el primer tipo me pide 45 shekels.

-la embajada está muy lejos.

el segundo me pide 20 shekels. el tercero, con quien definitivamente regateo, me lo deja en 15 shekels.

-la embajada está ahi al lado, llegamos en un segundo.

un segundo después, estoy en la embajada. es una zona residencial donde no se oye un ruido. 5 egipcios, sentados detrás de una reja, esperan que algo pase. fuman. cuando llego, se miran entre ellos para decidir a quién le toca levantarse, tarea del todo indeseable. le toca a un tipo gordo y negro como el tizón.

-me gustaría obtener un visado para ir a el cairo. he llamado antes, y me han dicho que se podría hacer hoy mismo.
-son 100 sheckels (20 euros).
-no problemo.

los cuatro tipos que fuman siguen mirando mientras el tipo gordo me da un formulario que tengo que rellenar. se mueve muy despacio. incluso el humo de los cuatro cigarros de los tipos de detrás de la reja se mueve de forma demasiado lenta. descubro que estoy en una realidad paralela, donde el tiempo avanza despacio, y me relajo. de fondo, suena la música de algún hotel: king áfrica y las ketchup.

tres horas después, según la medida de la realidad de la embajada (10 minutos en la tierra), tengo mi visado. ya puedo entrar a egipto. salgo pitando con la intención de llegar a la estación de autobuses antes de las 13.00h, pero por esa zona no pasa un alma, así que necesito un buen rato para encontrar uno. acuerdo 15 pavos.

-por favor, dese prisa. necesito tomar un autobús.
-no hay problema. ¿a dónde vas?
-a taba, tengo que cruzar la frontera.
-¿a taba? está ahí al lado. te llevo yo por 30, así te ahorras ir a la estación y el lío del autobús.
-descarao. tírale -le digo después de hacer unas sencillas cuentas.

el taxista me cae bien. no ha intentado engañarme con el precio, y me hace de anfitrión en la ciudad. la carretara a taba va pegada al mar, y me explica que lo que hay enfrente es jordania.

-¿ves la bandera?. a ese lado está egipto y al fondo arabia saudí.

el sitio es realmente genial. mataría por darme un baño en ese mar tan azul.

-mataría por darme un baño.
-¿y por qué no se lo da?

gran pregunta para la que no tengo respuesta, asi que callo. entretando, hemos llegado al puesto fronterizo, situado en pleno paseo marítino. a 10 metros, una bonita playa.

-tienes usted razón. me voy a dar un baño.
-claro que sí, esta zona es muy bonita. dese un baño.
-del tirón.

no tengo ni idea de la hora a la que sale el autobús de la frontera a el cairo, pero es la una y pico, hace un calor del demonio, y tengo una playa preciosa a 10 metros. lo dicho, del tirón. bajo una escalera de piedra con las mochilas a cuesta y me acerco al agua. el sitio está casi desierto, así que puedo cambiarme tranquilamente (en oriente medio paso de bañarme en bolas) y saltar al agua tibia y transparente. los peces de colores nadan entre ms piernas, erizándome los pelos al rozarme, y el agua está tan buena que me quedaría el día. una vez más, maldigo el viajar con tan poco tiempo, y por tanto con tan poco margen de maniobra (si hubiese revisado mis notas, sabría que el autobús a el cairo salía a las 16.30h, con lo que podria haberme quedado un par de horas más nadando y chapoteando como un niño.


los trámites del cruce de la fronera son lentos, calurosos, aburridos y caros, pero con tiempo y una cartera, lo consigo. al loro:

¡acabo de pisar mi quinto continente! ¡give me five valérie!

el recibimiento de tan importante hecho, no es precisamente el que tuvo el barcelona de guardiola. a mi me esperan media docena de moros de dientes amarillos tratando de llevarme al huerto para ir a el cairo en una furgoneta por 100 libras, cuando el autobús cuesta 65. por algún extraño motivo (quizá el destino o mi buena estrella), después de lo currado que estoy en estas cosas, me dejo convencer por el colega. le pagaré 65 libras (el regateo fue fácil, aunque a cambio de la rebaja me dice que no le diga a nadie que le he cobrado eso, que si no, no podrá engañar a nadie) y me llevará directamente a el cairo en su furgoneta, pero antes debo esperar a que haya más gente. le digo que esperaré media hora, y si no me iré. acepta a regañadientes (no le queda otra), y me busco una sombra. hace un calor exagerado, y la gente entra en el país con cuenta gotas. la mayoría pasa de los moros, que es lo que debería haber hecho yo. en ese momento, no tenía presente que el viaje a el cairo es de casi 6 horas a través del desierto del sinaí. y yo esperando para meterme en la furgoneta de mohamed...


me harto cuando veo a un hombre, de unos 50, que carga con una maleta. tiene buen aspecto, así que me acerco.

-¿va usted a el cairo?
-si
-yo también. cuidado con lo que le cobran estos tipos.
-gracias, pero no te preocupes, yo me voy en autobús. no me fío.
-¿va a la estación?
-sí, está sólo a unos 15 minutos caminando.
-creo que me voy usted. ¿le importa?
-claro que no, encantado.

me despido de mis excompañeros de viaje con la mano, y paso de escucharles más. lo cierto es que aún hoy sigo sin saber qué me pasó exactamente. para cuando llegamos a la estación, ya nos hemos contado las líneas principales de nuestro viaje. el tipo se llama philip, y es suizo. me recuerda a "el vega", terrible profesor de álgebra de la facultad de informática, famoso por su altísimo índice de suspensos (se dice que en cierta ocasión su foto salió en una revista, en el tercer lugar del podio de profesores con mayor índice de suspensos). vive en el cairo desde hace 8 años, y vuelve después de unos días fuera. nos quedan dos pringosas horas de espera, aplastados en los sillones, bajo un calor asfixiante, que tratamos de pasar bebiendo mucho y haciendo un picnic con la media docena de tuppers que trae philips en su mochila. de fondo, saetas egipcias nos recuerdan que ya estamos en áfrica.

mientras comemos, llega cristian, un amigo de philip. comparten casa en el cairo, y si llega ahora es porque tuvo problemas con el visado y se ha retrasado un par de horas. los tres pasamos charlando el resto del tiempo hasta que sale el autobús, con casi una hora de retraso. philip ya ha hecho el viaje en otras ocasiones, y me explica que el primer tramo de desierto es el peor. por suerte vamos a hacerlo de día, porque de noche es muy peligroso, y se producen multitud de accidentes al cabo del año. el autobús entra directo al top five de sitios inmundos en los que he estado, con su (familiar) hedor a meados. al menos tiene aire acondicionado.


el viaje transcurre entre baches, carreteras de tierra y continuos vaivenes que casi acaban con mi cuello (días después aún me dolería). en determinados tramos, la oscuridad es total. estamos en mitad del desierto, y no hay ni una sólo luz en 100 kilómetros a la redonda, a excepción del candil que tiene el autobús como iluminación. da miedo. para terminar de dar el toque de surrealismo, nos ponen películas árabes a un volumen exagerado. es imposible dormir entre los baches, el olor y el ruido, así que resignación.

un par de paradas, un control antidroga y después de pasar bajo el canal de suez, llegamos a el cairo. lo que se suponía que debía ser una estación de autobuses no es más que una marquesina en una carretera de las afueras. allí nos bajamos casi todos. son más de las 11 de la noche y yo me estremezco de pensar en lo que tengo por delante: buscar la manera de llegar al centro y ponerme a buscar hotel, llamando puerta a puerta. cuando hice el plan, no podía imaginarme que el viaje de jerusalén a el cairo pudiera llevarme todo el día, pero el hecho es que es casi medianoche y estoy bloqueado, nada que ver con mi llegada a jordania. al verme tan perdido, philip y cristian son tan amables de invitarme a pasar la noche en su casa.

-¡eso sería genial!
-no es problema, estamos encantados. deja que haga una llamada.

media hora después, vienen a recogernos. es un muchacho egipcio, bajito y simpático, que nos ayuda con las maletas y nos lleva directo a la casa. es un viejo chalé de esquina de una exclusiva zona residencial (sin ir más lejos, como vecinos tenemos a hosni mubarak, el presidente de egipio). el jardín es muy bonito, y cuando entramos a la casa me encuentro con una casa decorada con estilo rústico, muy acojedora. en uno de los despachos, ya han preparado una cama para mi. tienen la habitación con las puertas cerradas y el aire acondicionado fresco para que mantenga la temperatura. no doy crédito a lo que me está pasando, no se puede tener tanta suerte.

además de philip, cristian y el egipcio que nos recogió, en la casa vive una cuarta persona. es joseph, un libanés, de cierta edad, que se ha encargado de preparar la cena para los cinco: pasta, tortilla de calabacines, zumos, frutas, ensaladas, queso y todo tipo de cosas esperan sobre una enorme mesa.

-cenemos. debes de estar hambriento -me dice philip.
-estoy que me caigo -respondo.

estamos más de dos horas cenando y charlando. me doy una ducha, y me voy a la cama.

-no tendréis internet por casualidad ¿verdad? me gustaría llamar a casa.
-sí, tenemos una wifi. apunta la contraseña.

me tiro en el colchón, tan cansado que apenas que me entiende mientras hablo con españa. cuando cuelgo, me quedo un rato mirando al techo y pensando en lo afortunado que estoy siendo durante todo el viaje, y en lo complicado que puede llegar a resultar esta aventura si no das con la gente adecuada. creo que ha sido el único momento en que he sido realmente consciente de las implicaciones que tiene dar la vuelta al mundo sin apenas haber preparado el viaje. por suerte, estoy tan agotado que me rindo al sueño y desconecto el cerebro. no es bueno pensar ese tipo de cosas a estas alturas. no quiero ni una duda.

en los dos últimos días puede resumirse la esencia de mi viaje: buscarme la vida de una forma casi extrema, conocer a la gente adecuada, vivir experiencias que de otra manera jamás viviría, y gozar de la satisfacción de encontrar un sitio donde pasar la noche después de una larga jornada de viaje. también sirve como ejemplo de la suerte de estoy teniendo.

-dios, ¿cómo se puede tener tanta potra?

10 comentarios:

Juan Mancera dijo...

Joder, los funcionarios son iguales en todos los sitios, ;)

Javier Ortiz dijo...

joer macho... que potra más grandisima.

Teresa dijo...

desde luego que tienes un angel de la guarda que no te lo mereces... je je
pa que luego digas que vas de tirao... y durmiendo en un chalet de lujo en el cairo... toma castaña... je je jejeje je

Sergio dijo...

La suerte no se crea ni se destruye, solamente se transforma......
Es decir de buena pasa a mala y de mala pasa a buena......

Asi que todos tenemos suerte.....

Cuidate y nos vemos casi ya.

PutoDemonio dijo...

Suerte?
"Al saber hacer le llaman suerte" me decia mi abuela.
Se vé que por cansado que estés, tu intuición de quién te puede ayudar o engañar, es un sexto sentido que tienes en forma!
Eso si, en otras circunstancias, lo que leo en este blog pensaría que es inventado. Jajajajajajajaja!!!!

Cayetano dijo...

"Do good things, and good things happens to you, it's karma Randy" by Earl Hickey :)

Julia dijo...

Sin palabras.
¿Te metes en casa de unos desconocidos?
Menos mal que siempre te toca buena gente, macho.
:)
Un beso.

cacique500?o500caciques? dijo...

en la mayoria de los casos depender de los desconocidos te da sorpresas estupendas

PD: 100% de acuerdo con el gran Earl

Dani Glán dijo...

Como dice la canción: "Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da..."

自由な精神 yiyuuna seishin dijo...

Uff del famoso "Vegeitor" circulan muchas leyendas urbanas, una ya no sabe cuáles son ciertas y cuáles no...

Gente así de buena también he conocido en algunas ocasiones, son ese tipo de personas por las que merece la pena no perder la fe...

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