lunes, 17 de agosto de 2009

llegada a españa

día 15 de agosto del año 2009 de vuestro señor

a las 5 en punto de la mañana se abre la estación de autobuses de niza, y a las 5 en punto de la mañana, un par de policías empiezan despertar a todo el mundo. desde que matt y yo nos acoplamos ha venido mucha gente, y ahora todos andan desperezándose y recogiendo bártulos. yo ya estaba despierto cuando la policía ha venido; una puta máquina de limpiar no ha dejado de hacer ruido en toda la noche, así que he dormido, como de costumbre, a ratos de unos minutos. me alegro de que sean las 5, porque así nos podemos poner en marcha. las noches sin dormir se me hacen cada vez más largas.

nuestro tren a marsella ya se encuentra en el andén, así que entramos cuando aún no hay nadie. todavía falta una hora para que salga, pero allí podemos echar una cabezada mucho más tranquilos y cómodos. mientras dormimos, un ruído me despierta. me asomo a la ventana y veo a mucha gente, mochileros en su mayoría, bajando del tren con mucha prisa. salgo del departamento y pregunto al primero que pasa.

-¿qué ocurre?
-el tren se ha averiado y no va a salir. la gente se está subiendo al de parís, que para en toulon. ahí se puede coger otro para marsella.

joder, para un rato que me duermo, pasa esto. despierto a matt y nos ponemos en marcha. el tren a parís es uno de larga distancia, por lo que hay que reservar con anterioridad. por supuesto, ni uno sólo de los integrantes de la turba de mochileros que se dirige al tren tiene reserva ni la intención de hacerla. sólo estamos tratando de llegar a nuestro destino (el destino de todos ellos, que yo no tardaré en convertir en el mío propio, es barcelona).

en unos minutos, hemos subido todos al tren. yo he tenido suerte y puedo ocupar una butaca, pero la gran mayoría están tirados por los pasillos, ocupando las zonas para equipajes o de pie en las escaleras. se nota que la gente que viaja en el tren no se encuentra a gusto con la invasión, pero nadie va a sacarnos de allí. el tren arranca, y a medida que va haciendo paradas, e incorporando gente con reservas, va habiendo más y más mochileros en los pasillos. cuando nos acercamos a avignon, alguien empieza un debate. propone seguir hasta avignon, y ahí tomar un tren a montpellier en vez de parar en toulon y hacer el trasbordo a marsella. de pronto, se oyen voces por todo el vagón opinando sobre la mejor ruta. cada uno aporta sus propias notas, itinerarios obtenidos de las maneras más diversas. matt y yo colaboramos con el itinerario que sacamos anoche de la página de la bahn. es una especie de p2p de mochileros, un gps colectivo y espontáneo, gente que no se conoce trabanjando juntos en una lluvia de ideas que de con nuestros huesos en barcelona.

al final, el senado mochilero decide no bajarse en toulon, así que seguimos adelante con destino avignon. el revisor, al darse cuenta de que no bajamos, se enfada y empieza a gritar, pero nadie le hace caso. por lo que deduzco, han permitido que todos subamos al tren de parís porque no les importaba que hiciéramos algunos kilómetros, pero al ver que no hemos bajado, se ha puesto de los nervios. alguien le informa de que vamos a seguir una hora más, y parece tranquilizarse, o al menos resignarse.

-¡me encanta viajar! -me dice matt cuando decidimos improvisar el itinerario.
-total -respondo.

cuando bajamos en avignon, alguien advierte que tenemos que cambiar de estación de autobuses. de pronto, y sin saber bien como, se que para cambiar de estación hay que tomar un shuttle que se encuentra esperando a la puerta, que tarda 20 minutos y que cuesta 1,20 euros. la información se transmite de forma mágica entre todos, un conjunto de desconocidos con un objetivo común y con ganas de conocer gente. nos dirigimos al autobús de forma ordenada, sin dudas, si errores. es como si lo hubiésemos hecho toda la vida.

somos tantos los viajeros que nos dirigimos a barcelona (yo hace tiempo que he decidido dejar la aventura de buscar t...), que llenamos el autobus, que en 20 minutos exactos nos deja en la estación central. de ahí, vamos directos al andén y tomamos el segundo tren del día.


llegar a barcelona atravesando el sur de francia no es nada fácil. no existe ningún tren directo, y la única forma de hacerlo es tomando varios trenes de cercanías e ir enganchando. durante esos cambios de tren, el grupo de mochileros se va dispersando, y al final queda un grupo compuesto por dos inglesas jamonas, un tipo de estados unidos, dos universitarios canadienses, un croata, un grupo de tres irlandeses, matt y yo. el recorrido que hacemos es el siguiente: niza - avignon - montpellier - narbonne - port bau - barcelona. llegamos a la ciudad condal a las 17_39h de la tarde. no hemos esperado más de 15 minutos en ninguna de las estaciones que hemos pisado. los trayectos, todos cortos (de menos de dos horas), se han hecho muy cortos entre juegos de cartas, merendolas, anécdotas de viajeros y preparación de próximos trayectos.


me alegra estar tan cerca de casa, porque me atrae la idea de volver a ver a los míos, descansar, darme un paseo por las playas de benalmádena y tomar un aquarius en el tapería de la tía maría, pero se me hace realmente duro admitir que este viaje mío está a punto de terminar. es una mezcla de sensaciones demasiado extraña para tratar de comprenderla, así que me limito a resignarme y a dejarme llevar. sólo tengo que decidir si me quedo una noche en barcelona o tomo el primer tren que sale para málaga, con lo que estaría en casa con tiempo de desayunar el domingo. lo decidiré cuando pise suelo barcelonés.

estamos llegando a barcelona cuando decido que me voy a casa, que quiero tomarme un pitufo integral de atún con tomate, un café con leche y un zumo de manzana natural en la cafetería de mi hermano. llegaré allí sin avisar y desayunaré después de haber estado dos días casi en en ayunas. me parece un plan cojonudo.

cuando el tren está llegando a barcelona, hay una nueva reunión del senado mochilero. tratan de decidir si es mejor pararse en la parada de paseo de gracia o en sants, la estación central. según comenta uno de los croatas, el hostel al que van ellos (parece ser el mismo para todos) está a diez minutos caminando desde la parada de paseo de gracia. algunos prefieren llegar a sants porque allí tienen enlace con el metro, que les dejará aún más cerca.


-paso de caminar 10 minutos con 20 kilos a la espalda. prefiero sants -dice una de las inglesas.

es curioso, pero desde que tomé la decisión de que me iría a casa, de que no haría noche (sí tarde) en barcelona, me he desconectado completamente del grupo. ya no me siento uno de ellos, no me siento un senador. me limito a oirles, y sorprenderme de lo bien que han preparado su llegada a barcelona. conocen paradas de tren, de metro, horarios de autobuses y direcciones. yo nunca tuve tiempo de preparar tan bien las cosas, siempre llegaba a las ciudades despistado y atropellado.

finalmente, el grupo se rompe: la gran mayoría se bajan en paseo de gracia, pero las inglesas, matt y yo seguimos hasta sants. las inglesas toman el metro, así que sólo quedamos el londinese y yo, que vamos directos a la venta de tickets de larga distancia. yo no tengo ningún problema en conseguir mi billete para esa noche (saldré a las 21.45 y llegaré a las 8.30), pero matt sí se ha topado con algunos obstáculos. me quedo con él, tratando de hacerle de intérprete (aunque las palabras que salen de la boca de matt están pegadas con chicle unas a otras, por lo que me resulta muy difícil entenderle) y apoyándole con mi presencia. lo que ocurre es que el tren que quería tomar de barcelona a parís está lleno, y no puedo tomar el del día siguiente porque ya le habrá caducado su interrail. debemos ir a información, donde después de un buen rato probando diferentes combinaciones, damos con una que le sirve. tendrá que hacer varios trasbordos, pero logrará llegar a parís a tiempo de tomar su avión de regreso a londres.

-beer? -me pregunta sonriente mientras guarda el papel con el itinerario en su bolsillo.
-never say no to beer -le respondo.

salimos de la estación para buscar un típico bar español (los de dentro de la estación son franquicias sin personalidad), y no tardamos en dar con uno en una esquina.

-dos estrella, por favor -pido al camarero, que resulta ser de nepal -. y una ración de tortilla de patatas. con cebolla.


mientras tomamos la cerveza, matt me cuenta sus planes. ha quedado con un amigo, a quien irá a buscar cuando salgamos del mar, y estará en barcelona un par de noches. luego irá a parís y tomará un avión de regreso a londres, su ciudad. allí seguirá con su vida normal. está euforico por haber conseguido una combinación para llegar a la capital francesa, y se toma la cerveza en dos sorbos.

-esta cerveza está genial. y la tortilla española está buenísima.

apenas hemos comido nada en todo el día, así que la tortilla (que realmente está muy buena) no nos dura ni medio asalto. ambos tenemos algo de prisa: él por encontrarse con su amigo, instalarse y tomar una ducha, y yo por irme a dar un paseo por barcelona a hacer unas fotos. le acompaño al metro y allí nos despedimos.

-espero que nos volvamos a ver algún día.
-yo también.

vuelvo a quedarme solo, pero no tengo tiempo de ponerme melacónlico. por delante tengo sólo 3 horas para hacer turismo express en barcelona. la plaza de cataluña, las ramblas, la sagrada familia y de vuelta a la estación, con media hora de adelanto. subo a mi tren en cuanto me dejan, y compruebo que eso que llaman tren hotel es un tren muy bien preparado. nada que ver con lo que he visto por esos países de dios: asientos anchos, pasillos con moqueta, botellín de agua, auriculares, set de higiene básica, música ambiental. todo un lujo para volver a casa.


me pongo en pantalón corto, los calcetines y estreno un par de las zapatillas que me regalaron en el autobús de tokio a kyoto. por fortuna para todos, no tengo compañero de butaca, porque después de 4 días sin ducharme, durmiendo tres noches seguidas en el suelo, debo de oler a rayos. el tren arranca a la hora exacta, y, después de escuchar mi canción, me pongo molotov durante el par de horas que quedan de sábado. tengo toda la noche por delante, y pesar del cansancio y el sueño, no puedo dormir de pura excitación, así que me paso el viaje mirando la oscuridad a través de la ventana.

a las 8.24, el tren llega a la estación maría zambrano de málaga. el corazón me late a mil por hora por los nervios de volver a pisar suelo mañagueño, aunque me tranquilizo en el momento en que salgo de tren. estoy tan eufórico que no puedo evitar dar algunos saltos mientras me dirijo al autobús urbano. finalmente, no he avisado de mi llegada, así que llevaré a cabo el plan previsto.


bajo del autobús, y rodeo la manzana de la cafetería para llegar de improviso. cuando estoy entrando, mi primo alejandro es el primero en verme.

-¡hombre primo! ¿cómo estás?
-hecho misto ale, hecho misto.
-no veas los chinos del barco ¿no? ¿te iban a poner bien? ¡big!

racimo de abrazos.

6 comentarios:

raul dijo...

Sigues sintiendo la suerte del viajero malagueño....

UltrasMalaga dijo...

Bienvevenido a casa campeon,ole tus guevos!!! Eres un crack!!! Y todo un referente de todo ser humano.

Juan Mancera dijo...

Welcome Home

Andrés dijo...

Otro abrazo a unir al racimo!

Laura (hermana de julia) dijo...

ENHORABUENA!!!!!!!!!!!!! Me alegro mucho de tu llegada y de que todo haya ido bien, o al menos lo bastante bien como para contarlo, pero por cierto, que cosas no nos has contado? Bueno, gracias a ti hemos aprendido muchas cosas sobre el ser humano y los viajes. Ya se lo que tengo que hacer si en el metro de el cairo pierdo el ticket...

Julia dijo...

Yo también, Laura, pero no creo que me pase pronto. Y si me pasa alguna vez ya se me habrá olvidado.
Bueno, pues ya estamos todos (casi todos) en Málaga.
Un beso.

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