miércoles, 12 de agosto de 2009

salida de jerusalén

día 8 de agosto del año 2009 de vuestro señor

después de dos cervezas, decido que lo mejor es esperar a que termine el sabbath e ir a la estación, sea como sea. no me pienso acostar hasta que no sepa con exactitud lo que voy a hacer por la mañana, porque de ello va a depender la hora a la que me leventa. en el hostel puedo conectarme a internet, así que prefiero pasear. mientras bajo por la calle camino de la ciudad vieja, me cruzo con muchos judíos, de largos tirabuzones, impecablemente vestidos, de blanco y negro. algunos llevan unos curiosos sombreros *** BUSCAR INFO SOBRE ESTOS GORROS, SOBRE SI MARCAN JERARQUÍA Y TAL ***. los hay de todas las edades, y se dirigen a una zona de jardines que hay justo frente a la puerta de jaffa.

algo ocurre, porque todos miran el mismo sitio, a la carretera que pasa unos metros más abajo. me acerco a curiosear. la carretera está cortada por la policía, que tiene acordonada una zona. no tengo claro lo que es, pero parece la entrada a un aparcamiento subterráneo. detrás de las vallas del acordonado, se acumulan decenas de judíos. no entiendo lo que ocurre hasta que un coche se dirige a entrar en el aparcamiento. en ese momento, todos los judíos empiezan a gritar como locos. todos dicen lo mismo, desde los más niños a los viejos, mujeres y hombres. todos forman una voz única y estremecedora, un lamento compartido, una queja, una exigencia, un recordatorio, una amenaza.

-sabbath -reclaman.

mientras el coche pasa por el cordón policial y entra al parking (que da acceso a un centro comercial), los judíos que están más cerca se enfrenta a la policía. algunos se mueven compulsivamente mientras gritan, otros se agachan e incorporan en un movimiento que recuerda al pollo de hommer. la policía reparte, pero no se calman. sólo cuando el coche ha entrado en el garaje, bajan un poco el volumen, y la policía deja de departir.

-¿qué está ocurriendo? -pregunto a una muchacha judía. lleva un vestido negro, con un pañuelo negro en la cabeza, una rebeca negra, medias negras y zapatos negros. viste de negro.
-hoy es sabbath.
-¿y qué significa?
-que la torá dice que no se puede trabajar.
-y por qué gritan y están ahí debajo cobrando de la policía.
-es una queja porque el centro comercial está abierto. nadie debería trabajar.

en una larga conversación de dos horas, la chica (de nombre indescifrable para mi) trata de explicarme lo sabrado que es el sabbath para un judío. dios, a través de la torá, dejó dicho que había que descansar un día a la semana. ese día es el sábado, concretamente entre la puesta de sol del viernes y la del sábado. durante ese tiempo, el judío está obligado a no trabajar y a divertirse. la lista de cosas que no se pueden hacer, originalmente formada por no-sé-cuántos puntos ha ido multiplicándose de forma que no pueden hacer cosas como usar el móvil, conducir o encender una luz.

-pero mucha gente trabaja hoy. las calles están llenas de tiendas, restaurantes, policía. mucha gente trabaja hoy.
-son ignorantes. no conocen la torá, así que no saben que todas esas cosas no las pueden hacer.

el diálogo que mantenemos roza el de dos besugos en varias ocasiones. trato de ser muy respetuoso, pero no puedo evitar meterle un poco de caña (poca) para pillarla en un renuncio. cuando la acorralo, se sale diciendo que ella no sabe nada, que quien sabe de eso son los tipos de los gorros. luego alude a que es la palabra de dios, y punto. es muy curioso ver la forma de pensar de un judio ortodoxo. tienen tan asumido que la torá es la palabra de dios, y que tienen que seguirlo a rajatabla, que a ratos da miedo. todo aquél que no sigue la torá, es un ignorante.

-ni siquiera me dejan hacer fotos. yo no soy judío -me quejo.
-no te prohiben hacer fotos, te prohiben que les hagas fotos a ellos.
-de eso nada. hacía fotos a un muro.

mientras hablamos, la cosa ha degenerado. los judíos han saltado las vallas y corren de un lado a otro.

-¡sabbath!

están por todos sitios. la policía, en número muy inferior, no sábe qué hacer. un par de judíos se tumban en el suelo para impedir que un coche acceda a parking. otros tiran botellas a la policía, y todos, del primero al último, gritan.

-¡sabbath!

hace un rato que es casi de noche, el sol casi se ha puesto. el sabbath está terminando, pero los judíos están lanzados, y no parece que vayan a parar cuando termine el sabbath. la policía recibe refuerzos de agentes montados a caballo, desde donde reparten con más facilidad. aquello es una puta batalla campal. trato de hacer algunas fotos y grabar algunas tomas, pero a poco que saco una cámara, hay algún colgado que no me deja usarlar. son cientos, así que paso de fotos y me limito a ser observador del asunto. a poco que lo pienso, resulta realmente extraño: estoy en jerusalén viendo como centenares de judíos vestidos con trajes de gala, los largos tirabuzones y sombreros algo ridículos, se comen vivos a un par de docenas de policías que se ven desbordados y que reparten porrazo a diestro y siniestro.

la turba blanco y negro se aleja de la ciudad, y se va metiendo por las calles adyacentes.

-muy bonito el espectáculo típico del lugar, pero ya basta. tengo un plan que seguir, y comienza por ir a la estación de autobuses.

antes me he informado, y sé exactamente la parada y el autobús que tengo que pillar para ir a la estación. me dirijo allí, aunque tendré que esperar una hora antes de que pase el primero. en ese tiempo he conocido a baha, un israelí, no judío, que trabaja en tel aviv. también va a la estación de autobuses para volver a la mina después de pasar el fin de semana en casa. charlamos de lo que acabo de ver.

-odio este país. odio a toda la gente.

trabaja en un restaurante, aunque aspira a largarse algún día, quizás a estados unidos. charlamos de todo un poco (improving my english). cuando llega el autobús, me paga el pasaje.

-gracias.
-no es nada.

cuando llegamos a la estación, después de pasar el estricto control de la policía, todo parece ser más sencillo. el autobús a eilat, el pueblo cercano a la frontera, sale cada hora. el primero es a las 7, así que compro mi billete. baha tiene media hora antes de pillar suu autobús, así que nos tomamos una cervecilla y nos despedimos hasta la próxima.

mientras iba en el autobús me he fijado en el camino, así que vuelvo andado. la noche es agradable, y así tengo tiempo de revisar el plan para llegar a el cairo.

1. por la mañana, a las 7, sale el autobús a eilat, un pueblo muy cerca de la frontera con egipto. tendré que levantarme a las 5.
2. de eilat tengo que tomar otro autobús a taba, pueblo donde se encuentra el paso fronterizo de ambos países.
3. desde donde me deja el autobús tengo que cruzar andando la frontera.
4. cuando esté en el otro lado, si no tengo problemas con los visados, tengo que caminar un kilómetro hasta la estación de autobuses más próxima.
5. en esa estación, tomar un autobús que va directo a el cairo.
6. desde la estación de autobuses de el cairo, tomar un taxi al centro y ahí buscar hostel. no he podido reservar por problemas con el pago con paypal y con la tarjeta. me preocupa, porque lo de ucrania no fue un fallo aislado. falla solo a veces. en fin.

exactamente 45 minutos de paseo después, llego al hostel. allí me tomo un café y me voy a la cama a tratar de dormir algunas horas, aunque será difícil con este calor.

6 comentarios:

Juan Mancera dijo...

Como bien dice Baha, hay muchos israelitas que odian a su pueblo, a su gente. Yo no soy racista y no me gusta lo que se hizo con los judíos por parte de los Nazis, pero tras mi experiencia con ellos en el Hotel El Pinar, he visto lo "porculeros" que son y lo desagradable que llegan a ser. Hasta el guía, judío como ellos, echaba pestes por la boca cuando hablaba de ellos.

PutoDemonio dijo...

jojojo... no "commit"

Sergio dijo...

A mi tampoco me gusta lo que hacen los judios con los palestinos, ni tampoco el arroz en paeya.

CUIDATE

Julia dijo...

Lo mío no es la política ni la religión (no sé lo que es lo mío), pero supongo que habrá diferencia entre ser "israelita" y ser "israelí".
Creo que no consigo no parecer borde, pero duermo menos de lo que necesito, y veo demasiados episodios de Bob Esponja. Sobre todo lo segundo debería servir de justificación.
Un beso.

Mme de Bachiller dijo...

Mi primer verano en España. En una farmacia a reventar de gente: "Qué COÑO están haciendo los DOS farmacéuticos explicándole MEDIA HORA a UNA Mari que su medicina no está, que la tendrán mañana?" Inspiro, expiro: "Tranquila, es su país, viven como les da la gana. Desde luego parecen más felices que tú."
En cuanto a los gorros: los llevan los hasidicos, una corriente del judaismo.

Torrance dijo...

Juan, hay gente pa tó.

PutoDemonio, no "commit"? xD Estás enfermo!

Sergio, a ver si vamos al chiringuito del Ayo a probar su paella, ya verás...

Julia, después de haber visto contigo un episodio de Bob Esponja, estás más que justificada.

Mme, tu fábula es preciosa, aunque demasiado mordaz para mi basto paladar... :-) Gracias por la información de los tipos de los gorros, ya me comentaron algo los dos muchachos argentinos a los que conocí en Grecia, y a los que, por algún extraño motivo, no juzgué (¿será el idioma?). :-P

Por cierto, me he dado cuenta de que se ha colado una nota que no debería haberse publicado. Sorry, pero las prisas son así.

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